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Caminaba por
Libertador desde el hipódromo en dirección hacia Olleros. Era
una tarde de Noviembre, soleada y de mucho calor. De pronto
escuché que una nena gritaba: “Ya se largó”, y empecé a sentir
unas pequeñas gotas que caían sobre mi cabeza. Aunque no tenía
paraguas, ni traje, ni un sombrero, ni chapitas en mis zapatos,
por un momento fantaseé con ponerme a bailar y cantar bajo la
lluvia como Gene Kelly (los lectores más jóvenes ni deben saber
de quién estoy hablando).
Rápidamente un bocinazo me volvió a la realidad, y pude darme
cuenta que no estaba lloviendo, y esas gotas caían de los
árboles. Mi lado musical le dio lugar a mi faceta poética y
entonces comencé a preguntarme, ¿A que se deberá la tristeza de
estos árboles que lloran sobre el asfalto y las calles?
El insoportable ruido de mi celular, dejó las poesías a un
costado, y casualmente al otro lado del teléfono se escuchó la
dulce voz de una bióloga que me decía: “Señor lo llamaba por el
llanto de los árboles”. “Este fenómeno se lo conoce como el
llanto de la tipas, tal el nombre de esta especie de árbol que
abunda en Buenos Aires”. "Esto se da por el ataque de un insecto
que se llama chicharrita de la espuma (cephisus siccifoluis).
Estos insectos pinchan la hoja y beben la savia y la savia que
no absorben la excretan. Esa excreta va formando una espuma que
cuando toma suficiente volumen cae, y lo que cae es lo que
moja". “El fenómeno comienza a fines de Octubre y dura hasta los
primeros días de Diciembre”. “El constante goteo de las tipas es
incómodo pero no tóxico, no mancha la ropa, aunque sí ensucia un
poco los autos que quedan estacionados por mucho tiempo debajo
de la copa de los árboles”. Al terminar su relato, la mujer
cortó, sin siquiera darme tiempo para preguntarle su nombre.
Continué mi caminata con una sonrisa, cantando bajo las gotas de
los árboles, en medio de un bosque de asfalto. |