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01 de Diciembre de 2011

No llores por mi Buenos Aires

Caminaba por Libertador desde el hipódromo en dirección hacia Olleros. Era una tarde de Noviembre, soleada y de mucho calor. De pronto escuché que una nena gritaba: “Ya se largó”, y empecé a sentir unas pequeñas gotas que caían sobre mi cabeza. Aunque no tenía paraguas, ni traje, ni un sombrero, ni chapitas en mis zapatos, por un momento fantaseé con ponerme a bailar y cantar bajo la lluvia como Gene Kelly (los lectores más jóvenes ni deben saber de quién estoy hablando).

Rápidamente un bocinazo me volvió a la realidad, y pude darme cuenta que no estaba lloviendo, y esas gotas caían de los árboles. Mi lado musical le dio lugar a mi faceta poética y entonces comencé a preguntarme, ¿A que se deberá la tristeza de estos árboles que lloran sobre el asfalto y las calles?

El insoportable ruido de mi celular, dejó las poesías a un costado, y casualmente al otro lado del teléfono se escuchó la dulce voz de una bióloga que me decía: “Señor lo llamaba por el llanto de los árboles”. “Este fenómeno se lo conoce como el llanto de la tipas, tal el nombre de esta especie de árbol que abunda en Buenos Aires”. "Esto se da por el ataque de un insecto que se llama chicharrita de la espuma (cephisus siccifoluis). Estos insectos pinchan la hoja y beben la savia y la savia que no absorben la excretan. Esa excreta va formando una espuma que cuando toma suficiente volumen cae, y lo que cae es lo que moja". “El fenómeno comienza a fines de Octubre y dura hasta los primeros días de Diciembre”. “El constante goteo de las tipas es incómodo pero no tóxico, no mancha la ropa, aunque sí ensucia un poco los autos que quedan estacionados por mucho tiempo debajo de la copa de los árboles”. Al terminar su relato, la mujer cortó, sin siquiera darme tiempo para preguntarle su nombre.

Continué mi caminata con una sonrisa, cantando bajo las gotas de los árboles, en medio de un bosque de asfalto.

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