11 años junto a los vecinos de Belgrano, Nuñez, Barrio Chino, Barrio River, Las Cañitas y Colegiales.

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Cuentos y Anécdotas



Portal del Barrio de Belgrano - Buenos Aires - Argentina

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DESMEMORIA

Era un país lejano, al sur y muy aislado, donde el Caos imperaba y Control allí no estaba. Se llamaba DESMEMORIA y sus habitantes eran los desmemoriados. Su bandera originaria era de dos colores, no me acuerdo cuales, pero había quedado roja, pues la sangre la había salpicado. El líder del país había fallecido, viejo cansado y equivocado, dejando a su esposa al frente y a un raro brujo al mando. Un día un señor entendió que este país con comunismo y subversión, necesitaba cierta organización.

De esta manera el general Vecorta I aplastó a todos con su ejercito y comenzó con su proceso de reorganización nacional. Vecorta I entendía que para terminar con la violencia que en el país existía, se debía eliminar a ciertos elementos de la sociedad. Los amigos del barrio empezaron a desaparecer, pero todos creían que por algo sería. Pero la muerte y la persecución no eran motivos suficientes para impedir al pueblo vivir feliz, por lo cual 25000000 de desmemoriados jugaron el mundial. Los cómplices del mundo fueron a participar de aquella fiesta del fútbol en un país criminal.

Vecorta I se aseguró que Desmemoria sea el campeón, y todos sus habitantes salieron a festejar pues los Desmemoriados eran derechos humanos. El proceso de Vecorta I fue continuado por Vecorta II y nadie se borró pues el país los necesitaba y si se quedaban y luchaban seguro que ganaban. Y el pueblo se levantó y caminó pues su nombre era Desmemoria y estaba lleno de amor. Desmemoria era un gran país y una gran nación para los desmemoriados.

A Vecorta II lo sucedió en el poder Tinto I que era un general de coraje y lucha. Un día se levantó, desayunó algunas copas y decidió recuperar las islas olvidadas que estaban invadidas hace ya muchos años por un país del norte llamado Imperiato. A todos sus soldados jóvenes e inexpertos mandó a luchar, por una causa justa, su perpetuidad en el poder. En la tele empezaron los comunicados y un señor del cuál no me quiero acordar el nombre, decía estamos ganando.

Todos los Desmemoriados estaban eufóricos, festejaban en las plazas y aclamaban a Tinto I. Pero esta aventura terminó como debía terminar con mas muerte y una derrota total, aunque en las olvidadas Desmemoriadas clamaba el viento y rugía el mar. Los Desmemoriados entonces volvieron a las plazas a pedir la cabeza de aquel general. Después de todo Miñone asumió el poder, con la intención de dejar al país un kilo y dos pancitos. Decidió desempolvar aquellas urnas que estaban bien guardadas, para que el pueblo volviera a soñar. Dictó la ley anticonceptivo, con la cual prevenía cualquier mal que pudiera perjudicar a algún Sr. Militar. De este modo la campaña electoral comenzó y un tal Alfonso prometía y estaba persuadido de que con la democracia se comía, se vivía y se educaba. Mientras que en otro bando, un tal Sr. Templos decía; "conmigo o sinmigo" triunfaremos.

Todos los Desmemoriados en Don Alfonso confiaron y hasta el sillón de Avenidalarga lo llevaron. El juicio y castigo a los culpables comenzó, y la calma social y económica llegó. Pero poco a poco esto cambió, vino una obediencia debida y un punto final, los supermercados saqueados y un golpe económico brutal. Era la hora de que apareciera el mesías, que montado a caballo con poncho y patillas dijera: "singame no los voy a defraudar" y prometió la revolución productiva y la vuelta del líder General. Una vez que llegó a la presidencia el mesías cambió, se vistió diferente y con otras personas se codeó. Dictó la ley de "Aquí no paso nada" y a todos liberó. Más adelante en economía a un tal Peleti colocó, quien vino con un cinturón y cada vez más fuerte ajustó. Después de tanto ajuste, nada se supo de Desmemoria, nadie sabe que pasó y la verdad es que ya ni siquiera me acuerdo de que ese país alguna vez existió.
Autor: Fabio Gothelf

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Manuel Belgrano - Una historia de amor

Cuentan que en 1816, en el baile donde se celebraba la declaración de la independencia, Belgrano conoció a María Dolores Helguera, una bella tucumana de 18 años. Se enamoraron y el quiso casarse, pero en enero de 1818, recibió la orden de marchar hacia Santa Fe. 
Entretanto Dolores había quedado embarazada, y tras la partida de Belgrano sus padres la obligaron a casarse con otro hombre, al que ella no amaba y que al poco tiempo la abandonó.
El 4 de Mayo de 1819 nació la única hija de la pareja, a la que bautizaron con un nombre similar al del padre: Manuela del Corazón de Jesús Belgrano.
Los enamorados volvieron a encontrarse pero no pudieron casarse porque no existía el divorcio y, legalmente Dolores seguía casada. Belgrano adoraba a su hijita, pero pudo disfrutar muy poco de su paternidad pues, gravemente enfermo fallecería al año siguiente, el 20 de Junio de 1820.
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EL BONDI DE MI BARRIO

Ay !!! cambio que miedo te tengo, monedas gloriosas que todo lo pueden buscadas hoy día por miles de seres.

Ay !!! máquina que pánico te tengo, me tragarás mis monedas o me darás tu aprobado con ese ansiado boleto.

Ay !!! chofer que susto tu cara, no ladres en vano la vida no es mala. Hay gente y en demasía, aplastado hasta destino por tanta ingrata companía.

Ay !!! asiento que te busco, empujando a medio mundo. Ay !!! cartera de señora pegando en mi cara, cuando uno está sentado y la dama esta parada.

Ay !!! cuidado esa frenada, que voy a salir volando por el medio de la ventana. Hay parada en esa esquina, aunque el chofer de mi se ría.

Ay !!! colectivo del alma en el que viajo todos los días, en tus chapas estoy dejando una parte de mi vida.

Fabio Gothelf


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EL BOTON PELOTA

Siempre viví en un mundo de fantasía, buscando la forma de materializar la imaginación que libre salía a combatir la realidad. Muchas veces confundía lo imaginario de lo real, no había frontera que delimitara las diferencias, todo era igual.

Un día un señor me dio un botón y me dijo que era una pelota, que no era redonda ni rodaba pero aplicando cierta magia se movía por una cancha imaginaria, pudiendo hacer un gol para la alegría de todas las cabecitas que alrededor estaban dibujadas.

Pero mi juego fue mas allá del botón, un cartón se transformó en un jugador y con colores consiguió ponerse una camiseta para representar a un equipo de algún lugar. Con el botón y veintidós cartones se llegó a un partido, que no quedó ahí, se transformó en un campeonato donde algún cartón tendría que ser campeón.

El papel se transformó en dinero, y pudo comprar algún cartón de otro color y cambiarlo de equipo como si fuera un jugador. Otro papel se transformó en dirigente y decidió que el juego ya no era sólo un juego, sino una competición en la que había que hacer cualquier cosa para poder ser el mejor. Lo que era divertido, pasó a ser rutinario, la inocencia se comercializó.

Llegó un día muy triste en el que me volví a encontrar a ese señor, y le dije: usted me engaño, le devuelvo este botón que de su camisa salió y es allí donde debe estar, ya que es muy loco pensar que esto sea una pelota para poder jugar.

El señor tomo el botón y con lágrimas en los ojos repitió: el que no puede ver esta pelota ciego esta y no podrá disfrutar de la riqueza del potrero, el caño, la chilena, la palomita y algo más que no compra nada material, solo enriquece a la vista que se deleita con su andar.

Es una lástima pibe, este partido por goleada lo perdiste. Aquel hombre se alejó y entonces comprendí que no había sabido interpretar lo que significaba ese botón. Había abandonado mi mundo de fantasía materializando la imaginación en una forma tan real, la cual no me dejaba jugar y disfrutar. El día que vi a esa pelota como un botón, lo confundí todo y me deje dominar por ese papel dirigente que junto con ese papel verde atrapó al cartón y lastimó al botón.

Autor: Fabio Gothelf 


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Centenario de Belgrano, mi barrio

Muy atrás quedó el tiempo de las frondosas quintas, con las amplias barrancas y el camino del Bajo, que tuvo en su principio por nombre Las Cañitas y fue avenida Vértiz y es hoy Luis Maria Campos.

Por el cincuenta y cinco se fundó nuestro pueblo llamando La Calera por los hornos que había , frente a una capillita que padres franciscanos y vecinos piadosos pronto reconstruirían.

Fue un ocho de diciembre cuando solemnemente allí se inauguraron las obras concertadas y el júbilo de todos, ese día y por siempre, tuvo en la Virgen Madre protección sacrosanta.

Llegaron para el acto numerosos carruajes, "breques", carros y algunos por la vía del río, otros por el camino real que fuera luego 25 de Mayo y es hoy nuestro Cabildo.

Cuenta con la asistencia de Pastor Obligado gobernador entonces de la provincia , y llegan sus ministros, entre ellos , don Valentín Alsina; Monseñor Escalada al clero representa

Repique de campanas y marchas militares, se oyen petardos, cohetes y fuegos de artificio; todo sonaba a fiesta y alegría a raudales y es que un pueblo nacía con destino bravío
En mil ocho sesenta monseñor Escalada crea la hoy querida parroquia de Belgrano, y allí frente a la plaza principal se la emplaza y será La Redonda para el pueblo cristiano.

Dardo Rocha y D'Amico firmaron el decreto declarando ciudad al pueblo de Belgrano; mil ocho ochenta y tres. La fecha tres de enero. En el actual se cumplen progresistas cien años,

En museo Larreta, el Sarmiento, el Yrurtia, la Casa de Delcasse, ya desaparecida, son nombres que recrean permanente cultura junto a recios maestros de un deporte: la esgrima.

Ya no está La Blanqueada, famosa pulpería, ni tampoco esa otra que fue Las Palomitas ni el almacén de El Gallo, ni aquel otro Del Pingo que "el oriental Basilio" celoso dirigía.

Se ha cerrado el Belgrano, el cine más antiguo ni vive Zafarrancho, pintoresco cochero, ni el café de los Gianni, la farmacia Vercesi, ni el almacén Romani que tanto lo recuerdo.

Anzoátegui nos dice que el barrio de Belgrano "es sol cálido y rubio bañando la mañana" con su iglesia escondida entre árboles altos y alegría de niños y rumor de campanas.

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El Barrio - Ulises Petit de Murat (1905-1983)

Dulzura destrenazada de árboles
por donde se hace más pronto una alta noche
en que es posible la felicidad.

Perfectiva en función de ternura
por la cual todo se alcanza caminando,
traerá desde un horizonte de casas pequeñas
los días zumbadores que apresuramos a latidos,
a decirnos que bien puede ser venturoso algún recuerdo

Belgrano; único barrio que he conocido
Yo colmé mi sed urbana de claridad
en la represa musical de tus astros.

Engarcé mis ojos con tus estrellas
para saciar mi hambre de universo.

Por tus calles tiradas a cordel como la muerte
por donde los jardines
asoma su gran temblor de niños y de pájaros
arrastraban su melodía los pianos tangueros
que al atardecer
recuestan parejas contra las celosías
y las victrolas
que hacen trepidar las piernas con palabra inglesas

Belgrano: tus mujeres tienen el dulce hábito
de una gracia segura.

Existe Martha, valle de cariño
hacia el cual tiemblan claridad
todas las acequias de mi ternura.

Tienen domingos lentos
que inician las claras devociones
y albergan la amistad de un amigo del centro
que nos halaga con su cariño al barrio.

Al atardecer siempre acontece
la felicidad de visitar algunas niñas.

Por ellas y por los tangos
que nos hacen distintos como más varones
se enternecen las anochecidas.

Los blues profundos, cálidos
concluyen de volvernos soñadores
y al volver caminando
las melancólicas campanas parroquiales
hacen casi presencia al recuerdo de los queridos muertos
volvedores en amistosas voces y músicas hondas
angélico lenguaje es que aún nos hablan.

Albergador de nuestra tristeza
es tu corazón generoso como un espejo.

Tu alma, recta como una esperanza
se sintetiza en un árbol, una canción, un niño.

Cosas de siempre, cual las despedidas.
Por ti fue más feliz el suceso
de la amistad de Adolfo Luis, tan clara
como la dulce intimidad de tus cielos.

Ahora estás lejos pero
ya hemos hablado de Dios y de la muerte.

Cuando pienso en los días y los hombres
te siento más perenne que yo pasajero del mundo.

Cercado por el silencio y la serenidad
igual que por una mirada
te has quedado quieto como el destino.
El amor de Martha te magnifica más que un sueño.


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