24 de Diciembre de 2015

Nota con Fernando Signorini

“Soy un perseguidor de utopías”

A lo largo del año hemos entrevistado a importantes figuras del mundo del deporte que eligieron vivir en el barrio de Belgrano, Jorge Burruchaga, el Pato Fillol, Gustavo el “Chapa” Zapata y Álvarez Balanta. Otra personalidad muy destacada del ámbito deportivo que desarrolla su vida en la Comuna es Fernando Signorini, el preparador físico más mítico y célebre de la historia del fútbol. A los 65 años, recién cumplidos, el profe está instalado hace varios años sobre la calle Arcos.

Por Damian Giovino
damiangiovino@mibelgrano.com.ar

Se dice que los mejores siempre eligen a los mejores para tener a su lado y a él siempre lo han requerido los grandes. Ha trabajado más de 10 años entrenando de forma personal a Maradona, integró por un largo periodo el cuerpo técnico de Menotti y también supo preparar físicamente a Messi y Riquelme, entre otros. En su profesión, no hay dudas que se lo reconoce como el gran exponente. Pero Signorini logró trascender no sólo por eso sino por romper con los moldes. Dueño de una personalidad digna de admirar y descubrir, sueña con un fútbol y una sociedad mejor.

Sos un emblema en la historia del fútbol argentino por ser PF, es muy poco común…

Sí, porque soy un perseguidor de utopías. Sé lo que representaba el fútbol en la sociedad, donde se respetaban principios y la esencia misma con el que fue creado. Como alguna vez dijo Menotti “una maravillosa excusa para ser feliz”. El fútbol es un arma brillante para la formación integral de los jóvenes. Muy pocos se comprometen con eso. Ha habido un quiebre de valores realmente alarmante que hoy es muy difícil de recuperar.

Has trascendido mucho más allá de tu profesión por pregonar valores de vida. Intentás marcar un camino con tu filosofía…

Sí, aunque no lo parezca hay gente con una sed insaciable de esperanzas de mejorar la sociedad. A mí me toca intentarlo a través de esto que primero fue una profesión pero ante todo fue una vocación. Todos competimos para ganar, pero hay que ver qué es ganar para cada uno. Para mí es mucho más importante las formas, la trampa me da asco sea en el deporte o en la vida misma. En este país se celebró la mano del gol de Diego a los ingleses. Yo me pregunto qué hubiera pasado si el gol hubiese sido igual pero en contra nuestro. Nos hubiera interesado más esa injusticia que lo de Malvinas. Entrenar es antes que nada educar y el fútbol es un ámbito muy propicio para eso.

Hoy el ambiente del fútbol está muy corrompido, todo parece un negocio. ¿Cómo lo ves?

Estoy asqueado con el fútbol actual. A los chicos que tienen condiciones, enseguida tratan de llenarles los bolsillos de dinero. Ponen todavía más énfasis en pasearle el corazón y el cerebro, no sea cosa que los chicos piensen, que se sensibilicen porque eso atentaría contra el negocio. Todo tiene que ser perverso, morboso. Está de moda todo lo que tiene que ver con la estupidez. Algunos se escudan que le dan a la gente lo que quiere, eso es una falacia, a la gente la tenés que educar.

Trabajaste muchos años con Menotti…

Es uno de esos tipos tocados por la varita mágica. Después de conocerlo tanto entendí el porqué del ser argentinos, cuando una persona tiene tanta capacidad y parece inalcanzable es criticada con una bajeza que deja al descubierto la miserabilidad de muchos. Se puede aceptar el disenso pero desde el respeto y conocimiento.

¿Cómo fue haber entrenando a Maradona y a Messi?

Han sido artistas puestos a jugar al fútbol. Lo que la mayoría hace con las manos o con la garganta, ellos lo hacen con los pies. Cuando llegué a Barcelona y empecé a trabajar con él, ya llevaba una década de experiencia como profe. Muchos piensan que fue estresante trabajar con Diego pero todo lo contrario. Estuve más de diez años entrenando a Diego y luego lo acompañé en su paso como DT de la selección. Ahí fue cuando también tuve la suerte de prepararlo a Lio.

¿Hace cuánto estás en Belgrano y por qué motivos elegíste vivir acá?

Yo estaba viviendo en Lincoln cuando Claudia Villafañe me llamó para preguntarme si quería integrar el cuerpo técnico de Diego en la selección. Por supuesto no lo pensé dos veces y acepté. Al llegar me instalé en Belgrano porque me quedaba muy cómodo ya que tiene mucha accesibilidad para moverse por todos lados. Otro de los profes del CT vivía en Cañitas y nosotros entrenábamos en el predio de AFA en Ezeiza, entonces a él le quedaba de pasada venir a buscarme e íbamos juntos. A mis hijas también las inscribí en un colegio de la zona apenas llegamos.

Cuando terminó tú trabajo en la selección ¿Por qué te quedaste en el barrio?

Ya estaba acostumbrado a la zona. Mis hijas están estudiando en la UBA y Belgrano es un punto cercano de fácil acceso a la ciudad y no se tienen que movilizar mucho. Algunos te dicen si vivís acá por la seguridad ¿qué seguridad? En todos los lugares del país siempre hay riesgos.

¿Tus hijas viven con vos?

Todavía sí, se ve que están cómodas. No les doy tanto fastidio, no me meto mucho en sus decisiones ni en sus vidas. Soy más que nada un espectador y un custodio lejano.

¿Sentís el reconocimiento de los vecinos?

Sí me llama la atención, capaz pasa una persona y te grita “profe ¿cómo andas?” lo tomo como algo absolutamente natural. Nunca le di mucha importancia al reconocimiento porque soy una persona normal. Desde que me di cuenta que a mí también me podía doler el estómago o una muela y que sin dudas me voy a morir, me di cuenta que era normal. Por supuesto que no le puedo negar a la gente la posibilidad de darle la mano o de charlar un rato.

No te olvidás de Lincoln, tu lugar de origen…

Jamás. Rivadavia de Lincoln es el único club del mundo del cual soy hincha. Allá hay personas
a las que les debo mucho. Personas que han moldeado la arcilla de mi personalidad. Estoy muy comprometido con Lincoln y con Rivadavia. Si bien no estoy tanto, todo lo que puedo hacer y ayudar lo hago, no me quedo con las ganas de nada. Si uno no vive la vida para servir, ¿para qué sirve la vida? No hay que olvidarse nunca de los orígenes, porque uno es quien es gracias a eso.