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El
Miércoles 23 de Diciembre, a partir de las 20 horas, se
reunieron los vecinos alrededor del clásico gomero de Barrancas
para festejar la Fiesta de Fin de Año con todas las personas que
habitualmente concurren a estos Comedores.
Carlos Durañona, luego de los festejos, nos envíó la siguiente
carta:
Al querido Grupo del Gomero:
Quizás el cansancio del Miércoles, el atender a distintas
situaciones, la cantidad de gente reunida o vaya a saber qué
otra cosa me impidió expresarles todo el agradecimiento que
siento por lo que cada uno hizo para que la fiesta saliera bien.
Pero sé que ese agradecimiento es de todos hacia todos, porque
yo no soy el dueño de la pelota, el que tiene que agradecer a
todos, como si el servicio todos me lo hubieran prestado a mí .
Tengo el honor de pertenecer a un grupo en el que están todos
Uds. Pero este impulso de agradecer no lo puedo frenar. Me sale
así y no sé si corresponde o no, si tiene o no tiene coherencia.
Pero les pido que lo acepten porque necesito expresarlo.
Me siento muy feliz de comprobar el espíritu y el entusiasmo que
pusieron. Eso habla de la sensibilidad y de la generosidad y de
la entrega de cada uno. Cada uno encontró un rol que cumplir.
Como si fuera una orquesta sinfónica, sin que fuera necesario un
director de orquesta, porque nadie desafinó ni tocó otra melodía
que no sea aquella que hiciera que saliera una música
maravillosa y armónica.
Noté que todos estábamos en todos los detalles, ayudando al otro
o supliéndolo, como si todos los movimientos hubieran sido
ensayados previamente. Y también de esta orquesta participaron
muchos otros que no son habituales voluntarios de los Jueves,
como es el caso de la gente solidaria de Mishkan, que
generosamente compartieron su día con los del Jueves y aportaron
su esfuerzo, su exquisita comida navideña, los pan dulces y vale
muchísimo ese gesto, porque es bueno reconocer que ellos
pertenecen a la Comunidad Judía y festejaron la Navidad
Cristiana, dándonos una enorme lección de convivencia humana. Es
que la solidaridad y el amor no pertenecen a una religión
determinada. Son virtudes universales que están en la gente
sencilla y noble, que hacen y construyen un mundo mejor sin
ruidos, sin estridencias, sin cámaras de tv.
Esta comunión de ideales son posibles en las Barrancas de
Belgrano porque todos tenemos una consigna nacida del amor al
prójimo que sufre el atropello injusto de la exclusión social.
Recuerdo que estábamos preocupados porque no habíamos conseguido
alguna expresión musical para realzar la fiesta. Sin embargo,
nadie notó esa falencia. No fue necesaria. La música estaba
dentro de cada uno de nosotros y sobre todo, dentro de cada uno
de los que concurrieron a festejar la Navidad.
Hubo clima de fiesta en paz, con alegría sana y familiar, como
debe ser una reunión para dar y recibir afecto.
También hubo su momento fuerte y emotivo cuando tres Señoras de
las que concurren a cenar pidieron el megáfono para decir unas
palabras. Creo que ellas describieron el paisaje en el que viven
y en el que, de alguna manera, nos habíamos introducido desde
hace unos años, acompañando con lo que podemos ese dolor. A mí
me emocionaron esos discursos. Ningún discurso de los políticos
o de líderes sociales o religiosos han logrado conmoverme tanto
como esas palabras llenas de dolor, de sencillez y de gratitud.
Y esos discursos no fueron pedidos por alguno de nosotros. Ellas
pidieron hablar y HABLARON.
Sé que es largo este sermón y desordenado. Pero necesito
descargar todo esto que siento porque si no lo hago, creo que me
voy a ahogar. Discúlpenme.
La cantidad de chicos que había y tan extraordinariamente
entretenidos por las chicas que les hicieron armar a cada uno su
arbolito de Navidad. La presencia y participación activa de los
chicos de la Cruz Roja, capitaneados por Cecilia (ellos ya son
parte del Comedor) que repartieron regalos, pero más que nada,
afecto. Los del Colegio Belgrano Uno, otro grupo incorporado al
comedor y que se ganaron el cariño de todos, atentos a todas las
necesidades y que tocaron varios de los instrumentos invisibles
de la orquesta. También estuvo colaborando Pablo, un profesor de
la Facultad de Diseño Gráfico, propulsor de la idea de
incorporar en la Cátedra de Diseño I la costumbre de decorar
frazadas para luego dar a las personas en situación de calle que
asisten al comedor.
Siento también ganas de agradecer la presencia de los compañeros
de la Asamblea de Coghlan, que tienen un espacio en el comedor
que les pertenece. A Caro, de la Olla del Playón, que nos
acompañó en la velada, también mi agradecimiento. También estuvo
con sus dos hijos una amiga entrañable del comedor: la Dra.
María Eugenia Bustamante. Ella, desde la Empresa donde trabaja,
Mc Donald´s, siempre nos acompañó desde que iniciáramos la Olla,
en todos los eventos que realizamos en Barrancas, enviándonos
alimentos y regalos. Esta vez trajo el mejor regalo: su
presencia. A mi me encantó que viniera porque desde que la
conocí en la Red Redescubrirnos, nunca se olvidó de nuestro
comedor y era hora que todos la conocieran.
Hubo vecinos, que viven frente al Gomero que se acercaron y se
ofrecieron para colaborar con el comedor. Esto representa un
cambio substancial en la imagen de nuestro comedor que no
siempre fue bien visto por los vecinos. Ya son varios los
vecinos Vecinos que han modificado su actitud, amigándose con
nosotros.
Hubo muchas personas e instituciones que no estuvieron presentes
físicamente, pero las sentí presentes porque son parte del alma
del comedor. Cito genéricamente a nuestros colegas que atienden
la olla los días martes y los días viernes, a Cáritas de
Belgrano, a la Fundación Judaica. Suena muy frío que nombre a
Instituciones sin mencionar a las personas reales con las que me
unen lazos afectivos muy fuertes, logrados en el trabajo social.
Y este extenso mensaje lo enviaré a todos los que considero que
son parte imprescindible de lo que hacemos, agradeciéndoles la
cuota de amor y solidaridad que han puesto a lo largo de estos
casi 8 años, sin importar desde cuánto tiempo lo hacen o por
cuanto tiempo lo han hecho. Seguramente, en este catálogo de
agradecimientos, olvidaré a alguno o no tengo cómo decirles
cuánto les agradezco y me privaré de decirles: cuánto los
quiero.
Pero pido que me ayuden a no ser injusto y agradezcan a todos
los que nos dan una mano, porque se lo merecen. Gracias a todos
por lo que hicieron y por lo que dejaron de hacer para poder
estar en la cena.
Habíamos prometido compartir la cena todos, pero nos sorprendió
la enormidad de gente que concurrió. Yo tenía ganas de comer un
plato de ese rico arroz con ingredientes. Es más, tenía hambre.
Pero no importa. No llené mi estómago, pero mi alma estaba para
explotar de llena.
Un abrazo para todos y Felices Fiestas!
Carlos
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