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23 de Diciembre de 2009

Fiesta de fin de año en el Gomero de Barrancas

El Miércoles 23 de Diciembre, a partir de las 20 horas, se reunieron los vecinos alrededor del clásico gomero de Barrancas para festejar la Fiesta de Fin de Año con todas las personas que habitualmente concurren a estos Comedores.

Carlos Durañona, luego de los festejos, nos envíó la siguiente carta:

Al querido Grupo del Gomero:

Quizás el cansancio del Miércoles, el atender a distintas situaciones, la cantidad de gente reunida o vaya a saber qué otra cosa me impidió expresarles todo el agradecimiento que siento por lo que cada uno hizo para que la fiesta saliera bien. Pero sé que ese agradecimiento es de todos hacia todos, porque yo no soy el dueño de la pelota, el que tiene que agradecer a todos, como si el servicio todos me lo hubieran prestado a mí . Tengo el honor de pertenecer a un grupo en el que están todos Uds. Pero este impulso de agradecer no lo puedo frenar. Me sale así y no sé si corresponde o no, si tiene o no tiene coherencia. Pero les pido que lo acepten porque necesito expresarlo.

Me siento muy feliz de comprobar el espíritu y el entusiasmo que pusieron. Eso habla de la sensibilidad y de la generosidad y de la entrega de cada uno. Cada uno encontró un rol que cumplir. Como si fuera una orquesta sinfónica, sin que fuera necesario un director de orquesta, porque nadie desafinó ni tocó otra melodía que no sea aquella que hiciera que saliera una música maravillosa y armónica.

Noté que todos estábamos en todos los detalles, ayudando al otro o supliéndolo, como si todos los movimientos hubieran sido ensayados previamente. Y también de esta orquesta participaron muchos otros que no son habituales voluntarios de los Jueves, como es el caso de la gente solidaria de Mishkan, que generosamente compartieron su día con los del Jueves y aportaron su esfuerzo, su exquisita comida navideña, los pan dulces y vale muchísimo ese gesto, porque es bueno reconocer que ellos pertenecen a la Comunidad Judía y festejaron la Navidad Cristiana, dándonos una enorme lección de convivencia humana. Es que la solidaridad y el amor no pertenecen a una religión determinada. Son virtudes universales que están en la gente sencilla y noble, que hacen y construyen un mundo mejor sin ruidos, sin estridencias, sin cámaras de tv.

Esta comunión de ideales son posibles en las Barrancas de Belgrano porque todos tenemos una consigna nacida del amor al prójimo que sufre el atropello injusto de la exclusión social. Recuerdo que estábamos preocupados porque no habíamos conseguido alguna expresión musical para realzar la fiesta. Sin embargo, nadie notó esa falencia. No fue necesaria. La música estaba dentro de cada uno de nosotros y sobre todo, dentro de cada uno de los que concurrieron a festejar la Navidad.
Hubo clima de fiesta en paz, con alegría sana y familiar, como debe ser una reunión para dar y recibir afecto.

También hubo su momento fuerte y emotivo cuando tres Señoras de las que concurren a cenar pidieron el megáfono para decir unas palabras. Creo que ellas describieron el paisaje en el que viven y en el que, de alguna manera, nos habíamos introducido desde hace unos años, acompañando con lo que podemos ese dolor. A mí me emocionaron esos discursos. Ningún discurso de los políticos o de líderes sociales o religiosos han logrado conmoverme tanto como esas palabras llenas de dolor, de sencillez y de gratitud. Y esos discursos no fueron pedidos por alguno de nosotros. Ellas pidieron hablar y HABLARON.
Sé que es largo este sermón y desordenado. Pero necesito descargar todo esto que siento porque si no lo hago, creo que me voy a ahogar. Discúlpenme.

La cantidad de chicos que había y tan extraordinariamente entretenidos por las chicas que les hicieron armar a cada uno su arbolito de Navidad. La presencia y participación activa de los chicos de la Cruz Roja, capitaneados por Cecilia (ellos ya son parte del Comedor) que repartieron regalos, pero más que nada, afecto. Los del Colegio Belgrano Uno, otro grupo incorporado al comedor y que se ganaron el cariño de todos, atentos a todas las necesidades y que tocaron varios de los instrumentos invisibles de la orquesta. También estuvo colaborando Pablo, un profesor de la Facultad de Diseño Gráfico, propulsor de la idea de incorporar en la Cátedra de Diseño I la costumbre de decorar frazadas para luego dar a las personas en situación de calle que asisten al comedor.

Siento también ganas de agradecer la presencia de los compañeros de la Asamblea de Coghlan, que tienen un espacio en el comedor que les pertenece. A Caro, de la Olla del Playón, que nos acompañó en la velada, también mi agradecimiento. También estuvo con sus dos hijos una amiga entrañable del comedor: la Dra. María Eugenia Bustamante. Ella, desde la Empresa donde trabaja, Mc Donald´s, siempre nos acompañó desde que iniciáramos la Olla, en todos los eventos que realizamos en Barrancas, enviándonos alimentos y regalos. Esta vez trajo el mejor regalo: su presencia. A mi me encantó que viniera porque desde que la conocí en la Red Redescubrirnos, nunca se olvidó de nuestro comedor y era hora que todos la conocieran.

Hubo vecinos, que viven frente al Gomero que se acercaron y se ofrecieron para colaborar con el comedor. Esto representa un cambio substancial en la imagen de nuestro comedor que no siempre fue bien visto por los vecinos. Ya son varios los vecinos Vecinos que han modificado su actitud, amigándose con nosotros.

Hubo muchas personas e instituciones que no estuvieron presentes físicamente, pero las sentí presentes porque son parte del alma del comedor. Cito genéricamente a nuestros colegas que atienden la olla los días martes y los días viernes, a Cáritas de Belgrano, a la Fundación Judaica. Suena muy frío que nombre a Instituciones sin mencionar a las personas reales con las que me unen lazos afectivos muy fuertes, logrados en el trabajo social.

Y este extenso mensaje lo enviaré a todos los que considero que son parte imprescindible de lo que hacemos, agradeciéndoles la cuota de amor y solidaridad que han puesto a lo largo de estos casi 8 años, sin importar desde cuánto tiempo lo hacen o por cuanto tiempo lo han hecho. Seguramente, en este catálogo de agradecimientos, olvidaré a alguno o no tengo cómo decirles cuánto les agradezco y me privaré de decirles: cuánto los quiero.

Pero pido que me ayuden a no ser injusto y agradezcan a todos los que nos dan una mano, porque se lo merecen. Gracias a todos por lo que hicieron y por lo que dejaron de hacer para poder estar en la cena.

Habíamos prometido compartir la cena todos, pero nos sorprendió la enormidad de gente que concurrió. Yo tenía ganas de comer un plato de ese rico arroz con ingredientes. Es más, tenía hambre. Pero no importa. No llené mi estómago, pero mi alma estaba para explotar de llena.

Un abrazo para todos y Felices Fiestas!
Carlos


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