El Jueves 4 de Febrero, cuando ya
estábamos terminando de servir la cena, una chica de 22 años,
con un embarazo a término y notando todos nosotros que no estaba
bien, decidimos llamar al SAME a pesar de que ella se oponía por
temor a que le quitaran sus dos pequeños hijos.
Fabiana, que es de quien se trata esta pequeña historia, vive en
la calle, en la zona de Retiro con sus hijos Lucas y Priscila,
de 2 y 4 años respectivamente. Mientras esperábamos la llegada
de la ambulancia "rompió bolsa" y el parto ya casi era
inevitable. Debimos acostarla en el pasto, buscando la posición
más cómoda para Fabiana y a la espera de lo que sea.
La situación no podía ser más angustiante. Los chiquitos
lloraban desconsoladamente viendo a su madre en ese estado y
presagiando lo peor. Nosotros no sabíamos qué hacer con ella y
cómo hacernos cargo de los chiquitos.
Felizmente encontramos entre unos papeles que Fabiana tenía
entre sus cosas un número de teléfono celular al que llamamos.
Era de un conocido de ella que nos aseguró que él u otra persona
vendría a buscar a los chicos.
Felizmente llegó la ambulancia y Ludmila, la futura habitante de
la calle, nació ni bien arribaron al Hospital Pirovano. Eran las
diez y media de la noche.
Allí nos encontramos con Felipe, un colaborador del comedor, que
un rato antes había llevado al mismo hospital a una chiquita del
comedor que tenía una severa infección en un oído.
Eramos siete Voluntarios de comedor en el Hospital. El resto se
quedó en el gomero juntando los enseres de la cena y esperando a
Felipe con la chiquita.
La historia tuvo un final feliz: nació Ludmila "sin problemas",
sana y es muy bonita. La mamá, aunque muy dolorida, estaba
bien.La otra chiquita asistida por Felipe fue bien atendida. Le
curaron el oído y le dieron los antibióticos necesarios para su
tratamiento.
A la una de la mañana llegaron los conocidos de Fabiana para
hacerse cargo de sus otros hijos, resultando ser una chica y un
muchacho de un grupo de estudiantes del CBC de Ciencias
Políticas que sostienen un merendero en Retiro, que es de donde
conocen a Fabiana.
Así se cerró un círculo maravilloso de solidaridad. Sin saberlo,
los dos grupos, actuábamos en red alrededor de Fabiana. Ellos y
nosotros, esa noche, nos sentimos tíos, padres, madres, abuelos,
hermanos...todos emparentados, todos formando la familia de
Fabiana, de Priscila, de Lucas y muy especialmente de Ludmila.
El Domingo por la tarde, fui a visitar a Fabiana al Hospital y
pude tener en mis brazos a Ludmila y supe que Fabiana iría a la
casa de una hermana. Florencia, una de las chicas del otro grupo
con quien me comuniqué, se encargaría de acercarla cuando le den
el alta. Fabiana está muy agradecida con todos y me prometió que
pronto vendría con sus tres hijos a visitarnos.
Me pareció importante comentar esta historia. No es un hecho
trivial. Es la vida en su más cruda expresión. Todos hicimos una
pequeña parte. Y como siempre pasa en las historias en la que se
sufre la incertidumbre de un final ignoto, cuando este llega y
es feliz o al menos, no tan triste, no me puedo quedar callado,
como no lo haría nadie. Muchos ya conocen estos hechos, pero hay
muchos que todavía no lo saben. Es por ello que lo queremos
compartir con todos.
Gracias.
Carlos Durañona |