El barrio de Belgrano cumple 162 años

Por Prof. Silvia Vardé
Pte. Junta de Estudios Históricos de Belgrano. Miembro de la Sociedad Argentina de Historiadores

Como no puede ser de otra manera, la letra del vals que escribiera Catulo Castillo y musicalizara Sebastián Piana resuena en nuestros oídos cada vez que recordamos el pasado de este tradicional Barrio de Belgrano fundado un 23 de noviembre de 1855, que nació como pueblo, en 1883 fue declarado ciudad, para finalmente en 1887 convertirse en un barrio porteño. Pero, ¿qué cosas fueron cambiando en el barrio a través de su historia?

El primer relevamiento realizado en la zona dice que Belgrano en aquel tiempo era un modesto caserío constituido por la pulpería La Blanqueada, la capilla de la Calera y la finca de Corvalán y sus límites eran las actuales calles Monroe, Crámer, La Pampa y 11 de Septiembre. Con el correr del tiempo estos límites se fueron modificando y en la actualidad basta observar un plano de la Ciudad de Buenos Aires para ver de qué manera se fue ampliando su territorio.

El primer censo nacional llevado a cabo en 1869 estableció que en Belgrano estaban empadronadas 2760 personas de las cuales 1502 eran argentinos y 1248 extranjeros. Hoy su población supera ampliamente ese número.

Desde un primer momento el barrio demostró su pujante crecimiento. Cuando se fundó Belgrano, se creó una comisión que donaba terrenos a quién lo solicitara con la condición que en el término de cinco meses se construyera una casa que debía ser de material cocido. Así fue como el pueblo comenzó a poblarse de quintas.

El decreto del 6 de diciembre de 1855 se refería a la instrucción pública en el nuevo pueblo y disponía que a un costado de la plaza se reservasen solares para la instalación de dos escuelas una destinada a niñas y otra a varones.

La escuela destinada a las niñas fue inaugurada en febrero de 1857 con un total de 15 alumnas y en marzo de ese mismo año la de varones con 28 alumnos. El constante aumento de la población belgranense determinó la sucesiva creación de nuevos establecimientos públicos como privados promovidos por entidades privadas o por comunidades religiosas que en la actualidad siguen funcionando. Al promediar el siglo XX abre sus puertas la Universidad de Belgrano y en 1991 se crea la Universidad Di Tella. En la actualidad ningún barrio porteño cuenta con un sistema educativo tan completo como Belgrano que va desde el preescolar hasta el universitario con todas las modalidades que lo conforman.

Al comenzar el siglo XX los belgranenses contaban con servicios ferroviarios, telefónicos de iluminación, gas y agua potable. Carretas, galeras y diligencias marcharon desde siempre por las tierras en que se asentó Belgrano hasta que fueron reemplazadas por el tranvía tirado por caballos pero en los inicios del siglo XX llegó su sucesor, el tranvía eléctrico que se marcharía en 1961.

Pero el tranvía no fue el único medio de transporte que tuvo el barrio, a este acompañó a lo largo de su historia distintas líneas de colectivos, sin olvidarnos del trolebús aunque su presencia en el barrio no duró mucho tiempo.

Pero al finalizar el siglo XX el tan ansiado SUBTE llegó a Belgrano con la sucesiva extensión de la Línea D. La presencia de este rápido medio de transporte ha cambiado en gran medida la realidad de la Av. Cabildo a la que ahora llegan muchos vecinos para valerse de este rápido medio de transporte.
Si hubo un aspecto en que el barrio creció y se transformó fue el edilicio ya que las características de sus viviendas le han dado a través de su historia un matiz distintivo y local. Visto hoy sobre el plano de la ciudad, el barrio de Belgrano es un laberinto de cubos simétricos tachonados de cuando en cuando por algunos espacios verdes.

Una peculiar explosión edilicia que comenzó al promediar la década del 60’ y se prolongó hasta finalizar el siglo XX, transformó tal vez definitivamente su fisonomía barrial y comenzó a registrar un importante y sostenido nivel de urbanización. Las viejas casonas de principios del siglo XX con aire europeo comenzaron a venderse y demolerse para dejar paso a los grandes edificios. Este hecho originó un nuevo cuadro socio económico que hizo de Belgrano el más acabado ejemplo de movilidad social que caracterizó a la metrópoli porteña.

Actualmente el barrio aparece como una zona de perfiles tan propios que se diferencia netamente de todos los otros que componen la ciudad de Buenos Aires. Pero sus residencias espaciosas, rodeadas de amplios parques y jardines estarán siempre en la memoria de sus vecinos.
Si bien en sus 162 años de vida el barrio cambió mucho, hoy sigue siendo un placer caminar por sus calles, detenerse frente a las Barrancas de Belgrano, acercarse a sus museos y sobre todo deslizarse a la sombra de los enormes rascacielos de más de treinta pisos.
Porque el barrio es un sentimiento en el cual permanecen ocultos testimonios significativos del pasado histórico de sus monumentos, edificios, paseos, plazas y calles, todo lo suyo lo sentimos nuestro como sentimos también que le pertenecemos.

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