Vieja terminal de ómnibus: ¿Qué será de ti?

¿Qué será de ti? Así con esta pregunta que se presume idílica, me inspiro para saber cual será el destino que le deparara el futuro a un predio, que desde hace ya más de 70 años, fuera un hito para la vecindad, donde se enmarañan los extremos de  Núñez y Saavedra.

Es que allí, donde confluyen la Av. San Isidro Labrador, Av. Cabildo y Vedia, ambos barrios y las comunas 12 y 13, discuten la primacía de recibir a quienes, desde el norte acceden, por el paso más frecuentado, (Puente Saavedra) a la gran Capital.

Hay que ser muy baqueano del lugar y estudioso de los límites barriales, para tener en claro a que barrio ingresamos. Pero, este comentario que me anima a compartir con los lectores, si bien hace al extremo norte de Saavedra y a la Comuna 12, bien nos pertenece por historia, afecto y añoranzas a todos quienes hicimos de ese lugar un pintoresco cuadro de transito obligado.

La referencia hace a la vieja Terminal de ómnibus de la por entonces estatal Corporación  de Transportes de Buenos Aires “Av. San Isidro y Vedia”, así junto al numero de línea, rezaban las banderas (como se las denomina a los tradicionales carteles frontales donde se indica números y cabeceras) de las líneas de ómnibus y colectivos.

Allí hasta comienzos de los años 60´, en este solar circundado por la mencionada avenida y las calles Pico, Vidal y Vedia, tenían su cabecera norte las líneas 151(actual), 154 eliminada y 171, por entonces haciendo el recorrido desde Plaza Once (hoy 71).

El predio de Av. San Isidro Labrador 4802, tal su numero catastral, siempre fue más, por obligado costumbrismo que por los beneficios al barrio, un punto negro inmerso en la pintoresca avenida, ya que a diferencia de los últimos años, allí se amontonaban cientos de ómnibus para sus reparaciones y era un garage obligado. Pero aquellos eran ómnibus totalmente disímiles a los que hoy se cuenta en el parque automotor de transporte público.

Estos eran además de una estética extremadamente desagradable, cacharros destartalados marca Leyland y Markc, gasoleros que a su paso dejaban una bruma de pestilente humareda altamente contaminante a lo que los porteños debíamos adaptarnos.

En la década mencionada, las líneas (cientos en la ciudad) comenzaron con la privatización, y estos vetustos trastos desaparecieron definitivamente.

Ya la vieja Terminal dejaba su paso a un espacio vacío e inoperante. En 1977, la extensa parcela, ya en manos de la vieja Municipalidad de la Ciudad, toma parte de ella y  le da un destino adecuado y digno. Se construye la Escuela N° 15 – PROVINCIA DE SANTA FE, paralelamente y con las mismas características a la RODOLFO SENNET. Pero sobre el frente de Av San Isidro, nada se hizo, por el contrario, durante mas de una década estuvo en total abandono.

En los 80´, se le concedió la playa a la línea 151, para su uso de oficinas, garage y talleres, claro que ya la situación comenzó a ser más placentera con otro material rodante y menos unidades.

Hoy, en el primer mes de 2018, ya no es, ni será más, el tradicional playón de colectivos. La línea 151 se mudó a Barracas (calle Santo Domingo). Ahora quien por allí transite observará con una cierta mezcla de nostalgia y placidez, que las máquinas excavadoras y una gran cantidad de obreros, con piquetas en mano, están demoliendo todo aquello que quedara en pie. Dando toda la sensación que algún proyecto existe de parte del Gobierno de la Ciudad.

Y es aquí donde se abre el interrogante, ¿Qué será de ti?

Contrariamente a aquello que es de forma, no existe cartelería de obra alguna proyectada, solo las piquetas y los hombres de cascos amarillos, sin respiro demuelen todo lo que esta a su paso, y como es de rigor ya el barrio predice y comenta. Algunos con buen criterio presagian que se destinará a espacios verdes, incorporándose a las recientemente remozadas plazas Mackenna,  Félix Lima  y al Boulevard San Isidro Labrador.

Otros, quizá inspirados por el estilo de las actuales autoridades presumen que allí se recompondrá la industria de la construcción, con  emprendimientos edilicios de altura, contrastando con las características de un barrio tradicional de casitas bajas y vecinas que aún charlan en las aceras.

Quizá lo narrado de este solar por su historia, pase a un segundo plano. Solo servirá desde lo didáctico para los jóvenes y para la nostalgia de los mayores. Solo sé que como en otros tantos espacios recuperados en las diversas comunas porteñas, por lo económico se abrirá aquí también una posible división de opiniones diversas y encontradas. ¡Edificios si, edificios no!

Mario O. Salvo

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