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Silvia
Plager
11
libros
publicados |
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La Rabina. -
Prohibido despertar. -
A las escondidas -
Boca de tormenta -
Alguien está mirando -
Mujeres pudorosas -
La Baronesa de Fiuggi -
Nostalgias de Malvinas, escrito con Elsa Fraga
Vidal -
2 libros de humor *
Como papas para varenikes
* Al
mal sexo buena cara -
Premio Municipal y Faja de Honor de la S.A.D.E.
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Algunos de sus cuentos fueron traducidos al inglés
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Colaboración con diarios y revistas.
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Un día de 1968, Esther Fainberg conoce
la historia de Regina Jonas. Poco después, anuncia a su familia que
va a iniciar los estudios para ser rabina. La noticia causa revuelo
entre sus parientes, que la toman de diversa manera. El marido, con
sarcasmo, ya que aleja a la mujer de cuanto él busca para ella: una
pose adolescente, sumisión, sociedad en el estudio jurídico. “¿Otra
de tus estúpidas extravagancias, Esther?”, le preguntó. El padre le
dijo: “Esther, sólo lograrás hacer daño a tu comunidad, a tu
familia, a tu matrimonio. Y lo que es peor, arruinarás tu vida.
Ninguno de los tuyos tuvo que ser rabino para saber quién era. Les
bastaban sus muertos, sus costumbres, sus comidas...”. Tampoco es
bien recibida la noticia por algunos amigos y por una parte de la
comunidad judía, que piensa que no está permitido que las mujeres
accedan al rabinato.
¿Qué puede llevar a Esther a tomar esa decisión? Es joven,
atractiva, está casada con el heredero de un estudio jurídico de
renombre, tiene dinero y la posición social que muchas envidiarían.
Sin embargo, cree que su vida no tiene sentido. Ha llegado a ella la
revelación; hay algo mucho más importante que lo que está viviendo.
Esa revelación, y su aceptación, la lleva a viajar desde Nueva York,
donde se encuentra radicada, hacia Israel, donde estudiará con una
importante especialista en Biblia. En Israel conocerá también a su
segundo marido, agobiado por una tragedia conyugal, y junto a él,
iniciará una nueva vida. La tercera edad los encuentra tan
enamorados como antes.
La novela abarca décadas de la existencia de esta mujer valiente,
que toma como ejemplo a la rabina Jonas, quien asistió a los fieles
en un campo de concentración. Como ella, quiere consolar y
confortar, y se pregunta si será capaz de hacerlo. Tiempo después,
“A Regina Jonas, ordenada en Alemania cuando comenzaba el nazismo, y
asesinada en Auschwitz, le dedicaba su prédica. También a sus
padres, a su hermana, familiares, amigos, maestros... Pero en
especial, a James Steiner, sin su amor y el de sus hijos Lucy y Dan,
no habría podido llegar a ese momento. En el inicio ya había traído
la presencia de los ausentes. Señaló la vela: ésta se iba a apagar,
no la que llevaba encendida en su corazón”.
Los escenarios se suceden en la obra. Desde la Argentina, los
Fainberg -padre, madre, una hermana y Esther- viajan a Israel, donde
vivirán poco tiempo. Desde allí, se trasladan a Nueva York, donde se
establecen definitivamente. En Nueva York nace el hijo que Esther
tiene con Jaim, uruguayo, y allí llevan asimismo a la hijita de él,
que ha quedado huérfana de madre.
Aunque centrada en las circunstancias por las que atraviesa Esther,
la obra alude continuamente a la historia de Israel y el mundo en
general. En esa historia se destacan dolorosamente las guerras, la
situación en la Argentina y el Uruguay de la década del 70, el
atentado a las Torres Gemelas. Plager los refleja con tristeza.
En esta novela, que resultó finalista del Premio Planeta 2005, la
escritora evoca la lucha de una joven que tuvo una meta, y que llegó
a ella cuando miles de obstáculos podrían haberla disuadido; evoca,
asimismo, el desarraigo de quienes ven, una y otra vez, que ya no
son de esa tierra.
Emotiva, bien documentada, escrita admirablemente, La rabina nos
hace eco de las alegrías y los infortunios de los personajes, los
presenta actuando coherentemente y deja en nosotros la certeza de
que aún lo más difícil es posible, si realmente lo deseamos.
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La rabina
Autor: Silvia Plager.
Editorial: Planeta, 2006.
(Narrativa argentina) |
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Elsa Fraga Vidal
Docente
secundaria y terciaria, en el país y en los
Estados Unidos, colaboró con revistas y
suplementos de diversos diarios (La Prensa, El
Litoral, etc) y obtuvo numerosos premios, entre otros
Primero y Segundo premio de las Bibliotecas Municipales,
El Quijote de Plata (Primer Premio), etc.
Publicó,
junto con Silvia Plager Nostalgias de Malvinas
Ediciones B, Javier Vergara Editor. Este relato
de Silvia Plager y Elsa Fraga Vidal, basado en las islas
constituye un interesante abordaje a la historia y el paisaje
de ese rincón del mapa, tan caro a nuestro país.
Elsa Fraga Vidal ha publicado además, con el mismo
editor, "De Conquistadas y
Conquistadoras".
Premios
- Tercer Premio Municipalidades de Córdoba
- Primer Premio “El Quijote de Plata”
- Primer y Segundo Premio “Premio Municipal de Bibliotecas Municipales (en años consecutivos)
- Primera Mención en el concurso bi-nacional “Horacio Quiroga”
- Tercer premio SADE Bonaerense
- Premio Publicación “El Cuento de Humor” SADE Oeste Bonaerense |
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| "Somos
diferentes. Dicen que porque miramos otro cielo y otras
constelaciones, y porque costó mucho dolor llegar a ser lo que
somos:
americanos" | |
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La epopeya de un romántico y la historia de un amor no
correspondido: Vernet, gobernador de las islas Malvinas.
En 1831 y luego de haber sido nombrado comandante civil y
militar por el gobierno argentino, Luis Vernet se afinca en las
islas Malvinas junto a su esposa María Saez. Allí establece una
colonia floreciente de argentinos, ingleses, norteamericanos,
alemanes, indígenas y esclavos negros. El propio Vernet invierte
en esta colonia toda su fortuna.
En 1832 descubre goletas extranjeras pescando sin autorización y
las hace prisioneras. En respuesta, las autoridades del gobierno
argentino envían a un nuevo comandante en su reemplazo y le
ordenan regresar a Buenos Aires con su familia hasta tanto se
realice el juicio a los capitanes involucrados. Por impedir que
naves extranjeras depredaran las costas malvinenses pesan sobre
él acusaciones falsas del cónsul norteamericano.
En Buenos Aires Vernet se encuentra con Darwin, quien está al
tanto de su obra en Malvinas. Poco a poco, Vernet se entera de
distintos episodios violentos que ocurren en las islas durante
su ausencia. El segundo día de 1833 se produce la invasión
inglesa de las islas. La situación política es confusa. Vernet
lucha sin éxito por el reconocimiento de sus derechos y la
devolución de su fortuna, pero entretanto debe resignarse a la
ayuda familiar. Rosas solicita poderes especiales y nace la
Mazorca: el grupo será embarcado en una nave inglesa y llevado a
Londres para ser juzgado.
El año 1835 comienza con la noticia del asesinato de Quiroga y
la asunción de Rosas del poder público. Con la apertura del
comercio del cuero, Vernet inventa un desinfectante que le
permite mejorar en algo su economía.
En Buenos Aires, las intrigas, confiscaciones, asesinatos y
castigos de todo tipo son moneda corriente. Los ingleses
fortalecen su gobierno en las Malvinas por lo que Vernet se
convence de que sus reclamos jamás serán escuchados y que no
podrá recuperar su hogar ni su patrimonio. Nadie responde sus
cartas, presentaciones y entrevistas. En sus noches, no deja de
embarcarse rumbo a Malvinas. |
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Vernet, caballero de las islas
Autor: Silvia Plager y Elsa Fraga Vidal.
Editorial Sudamericana
Clasificación Ficción y Literatura
Páginas 224
Formato Rústica
Publicación Diciembre 2005
Idioma Español. |
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Danza con
nubes
Temblando, levantaba vuelo. Permanecía en el aire. Sus cabellos flameaban como flecos. Su cola, danzaba al ritmo de un
"Danubio Azul" , silencioso. Pronto se veía desafiando al viento. Y jugaba con los pájaros creyendo competir en igualdad. Con las estrellas, se sentía una más por esa silueta dibujada a su semejanza.
Pero, claro, su vida pendía de un hilo y de la fuerza de un chiquillo, Josecito, tan pequeño como El Principito, de los BaoBabs.
Por algunas horas soñaban juntos, uno abajo y el otro desde arriba, divisando la pequeñez del hombre que cree que todo lo puede y no es más que él, un ave de paso.
Le parecía sencillo: acariciar las nubes, rozar las cabezas de los edificios y las malditas chimeneas que envenenan el cielo.
El cuerpo liviano y vanidoso coqueteaba con palomas y neblinas. Quiso instalarse y permanecer para siempre en la altura... pero fracasó.
Estamos esperando, en la oscura bohardilla, colgado de grandes ganchos oxidados:
Una camiseta de River amarillenta.
Una caña de pescar
Un banderín de Mina Clavero, Córdoba
Una gorra del abuelo que Josecito usaba de disfraz.
Una pelota de cuero sin aire, similar a una cáscara de nuez gigante.
Y estoy yo con mi esqueleto averiado, esperando que un niño abandone por un momento la computación y se decida a jugar en el parque y acepte, ansioso, recibir el saludo de su barrilete.
ROBERTO SZTEIN
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La
cotidianidad trunca
El
vuelo del moscardón rasga el tejido
silencioso
de la habitación.
Despertar
de repente, magnifica la inmovilidad
de
las cosas.
La
cortina ya no oscurece, apenas empaña
el
brillo de la tarde.
La
mirada, apurada en su recorrido,
no
es bondadosa.
Las
sombras destiñen con rapidez.
Inmóvil,
la tela blanca, avergonzada y muda.
El
ruido puso en carne viva la siesta rota.
Así
no más, artera como un puñal, la quietud.
Y
la casa parece desnuda.
Una
procesión prepotea lo que queda del sueño.
Sería
lo mejor.
Mejor
sería que regresara
el zumbido
a
la vigilia, a ser su dueño.
Mejor
sería.
Y
arrearlos al patio desolado y bañarlos
en
la tarde ardiente de noviembre, a los recuerdos.
Sería
lo mejor.
Se
ha vuelto a empapar de sigilos el cuarto.
Y
en un rincón de la conciencia, la tentación.
Nada
remediable, nada. Barcos sin amarras.
Disfraza
los momentos para cambiar la historia,
la
ilusión.
La
memoria, celosamente, oculta la verdad.
Vaya
a saber de qué lugar regresa
a
romper tanto sosiego, el moscardón.
Se
amodorra la realidad.
Y
la cortina cobra vida,
arrebujando
las sombras
con
soledad.
JULIO PIRRERA
QUIROGA
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Ecos
Todas
las tardes, en la vieja casa cerca del mar, Herminia teje.
Teje un punto arriba, un punto abajo, uno, dos, tres, y
espera. Su única compañía es la ventisca que, con avidez
propia de invasor, hurga por hendijas, banderolas y bisagras
oxidadas, para acercarle puñados de recuerdos. La persecución
se vuelve más intensa cuando un tímido perfume a vainilla
se desprende del horno de la cocina económica, y entonces,
agazapada en remolinos, susurrante, espera detrás de los
postigos.
Esa
misma ventisca, una tarde de abril, empujó hasta la reja
cancel de su casa al forastero perdido, se volvió brisa en
las caminatas por la playa, y hasta se detuvo, complaciente,
cuando subieron al faro abandonado.
Deja
el tejido sobre la mesa cuando llega al punto liso y, con
una pajita de escoba comprueba el estado del budín,
mientras siente que sus ojos oscuros se alejan de ella,
salen por la ventana para cruzar ansiosos el jardín
marchito, detenerse apenas en la reja destartalada y
continuar veloces por las huellas borrosas del camino que se
desdibuja entre los arbustos. En la búsqueda inútil de la
espera, llegan a la ruta solitaria, se entrecierran para
alejarse, y buscan, persistentes, la silueta en el horizonte
vacío.
Continúa
con el tejido, un punto arriba, un punto abajo, uno, dos,
tres, los puntos pasan de una aguja a la otra, como el paso
del tiempo transcurre sobre las agujas del reloj.
Afuera,
el ventarrón libera en sus ondas, tan sólo ecos de la voz
ausente.
MARTA YÁÑEZ GALÁN
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Palabras
No
siempre la palabra es luz escrita
a
veces
acuchilla
espejos ahuecados
desfleca
los ángulos del viento
destiñe
el azul del unicornio
desmenuza
melodías inaudibles
no
siempre la palabra es luz escrita
a
veces
se
infiltra en sonrisas de azúcar
se
empecina y susurra desamores
se
disfraza con pétalos de hielo
se
extiende en verdes espaciales
no
siempre la palabra es luz escrita.
no
siempre es luz
a
veces
incrustada
en redes de ceniza titila desnudeces.
MARÏA CECILIA CARNELLI
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