|
Nadie retrató
como Sartre la trascendencia y el verdadero valor de la
libertad. Nadie, como Sartre tuvo primero y más en claro esa
angustia tan permanente de los seres humanos que nos debatimos
entre el ser y la nada, entre la necesidad de libertad y la
angustia de no saber qué hacer con la libertad que conseguimos.
Todos los que me conocen saben que tengo una pasión especial por
los Medios Barriales de Comunicación. Saben, quienes me han
leído y me han escuchado, que desde hace mucho tiempo se han
convertido para mi en una obsesión, fruto –sin dudas- de la
profunda convicción que siento acerca de que los Medios
Barriales de Comunicación son para mi el último bastión de la
libertad de prensa en su estado más puro y verdadero, los únicos
Medios que todavía informan sin intoxicación, especulación o
compromiso político.
Los Medios Barriales son, sin dudas, la fuente de información
más directa y más desinteresada para cualquier político,
repartición o institución que quiere saber de primera mano
cuáles son las necesidades, problemas y soluciones necesarias de
cualquier ciudad o comunidad.
Pasa el tiempo, y me siento todavía más convencido.
Y pasa el tiempo, y veo que todavía no se tiene ni se ha
conseguido meter el tema de los Medios Barriales de Comunicación
entre los bienes sociales a defender en cualquier comunidad
civilizada y organizada, como así tampoco, a pesar de lo que he
tratado de hacer, decir y de escribir, no he conseguido ni lo
hemos conseguido en conjunto quienes lo hemos intentado, que el
tema de los Medios Barriales de Comunicación se haya introducido
a la agenda política de la Ciudad de Buenos Aires.
Sigo viendo las mismas causas y los mismos vicios que son
fundamento de los problemas que todavía padece este importante
sector de nuestra prensa nacional, que es el de los Medios
Barriales de Comunicación.
Veamos qué es lo que sigo viendo:
Primero, no se sigue entendiendo que los Medios Barriales de
Comunicación son la fuente más directa y desinteresada de
información acerca de los problemas barriales. Al Medio Barrial
no le interesan las grandes cuestiones que desvelan a los grande
medios de comunicación nacionales, ni les interesa tirar
gobiernos, ni entrar en la guerra mediática contra ningún
gobierno. Ni siquiera les interesa ser una especie de
contra-poder tal como puede suceder con cualquier otro medio de
comunicación masivo y nacional. El Medio de Comunicación Barrial
ve el problema, ve la calle, ve el bache, ve el colegio, ve
aquello que no funciona en forma directa y lo plasma en las
hojas o web de su publicación.
Los Medios Barriales de Comunicación son información sin
contaminación.
Segundo, no se sigue entendiendo el volumen que, en conjunto,
son todos los ejemplares que publican todos nuestros Medios
Barriales de Comunicación. En efecto, si sumamos todos los
ejemplares, de todos los periódicos que se publican tan sólo en
la Ciudad de Buenos Aires, nos daríamos cuenta del alcance
masivo que esos medios tienen en nuestra comunidad local. Por lo
cual, si nuestros dirigentes entendieran lo importante que es
hacer propaganda política, institucional y hasta gubernamental y
política en nuestros Medios Barriales de Comunicación, el
alcance de sus mensajes llegaría a mucha más gente de la que
ellos mismos pueden llegarse imaginar. Muchos de ellos no lo
entienden, quizás por miopía política o quizás por ese
cholulismo indecente que muchos de ellos sienten al imaginarse
publicados en un medio masivo y nacional.
Tercero, no se sigue entendiendo que nuestros Medios de
Comunicación Barrial son de distribución libre y gratuita y que
muchos de los porteños que ya no compran ninguno de los diarios
nacionales por cuestiones económicas o por descrédito social de
esos mismos diarios, en cambio sí todavía siguen retirando de la
panadería, de la carnicería o de cualquier negocio de su barrio
un ejemplar del medio barrial de su zona.
Cuarto, los Medios Barriales de Comunicación no han entrado en
la guerra brutal, descontrolada y sin nivel ni piedad que han
declarado algunos medios nacionales de comunicación tanto al
gobierno nacional, como a otros sectores sociales y políticos
que sienten como enemigos o como obstaculizadores de sus
apetencias económicas, políticas o informativas. Todavía para
los Medios Barriales de Comunicación la verdad no es un bien
negociable ni los lectores somos rehenes involuntarios de una
guerra que ni por asomo hemos querido.
Quinto, los Medios Barriales de Comunicación siguen publicándose
a base de un gran esfuerzo por parte de sus editores y
redactores. Muchos son emprendimientos familiares o de pequeños
grupos de amigos o de una sola persona que hace las veces de
editor, redactor, comercializador y control de imprenta. Es
mucho el esfuerzo en razón de la poca atención que se les
presta, tanto socialmente como políticamente.
Los partidos políticos, por ejemplo, que muchas veces se han
llenado la boca hablando de los Medios Barriales de Comunicación
son los mismos que llegado el momento o llegado al poder no han
hecho mucho por ellos, y ni siquiera han publicado un solo aviso
pagado o han mejorado la pauta publicitaria oficial en beneficio
de nuestros Medios Barriales de Comunicación.
Sexto, los Medios Barriales de Comunicación han sufrido los
embates de acciones estatales que han tratado de minar su
cohesión, su acción mancomunada y su posibilidad de defenderse
como sector. La creación de registros, la fijación de pautas de
evaluación no siempre regulares y fáciles de cumplimentar, han
hecho que el sector de nuestros Medios Barriales de Comunicación
haya crecido o se haya mantenido en forma despareja, sumamente
asimétrica. Un subsidio o aporte oficial, es la razón a veces de
existencia, subsistencia o desaparición de un medio barrial de
comunicación.
Séptimo, los Medios Barriales de Comunicación están redactados y
están dirigidos por periodistas vocacionales, con fuertes
convicciones ideológicas. Por lo tanto, no están editados –como
sucede con los medios nacionales de comunicación- por personas
que más que periodistas vocacionales, sinceros y libertarios son
meros trabajadores de un medio de comunicación, con los mismos
miedos al despido, a la sanción y la pérdida salarial de
cualquier trabajador de una fábrica, de un comercio, de un
shopping o de un cine.
El periodista barrial es un ser profundamente libre, difícil de
comprar, difícil de convencer de lo que no quiere ser
convencido. El periodista barrial es artífice de su propio
destino y es portador y defensor de su propia verdad. ¿Será
acaso que por ser libres, por ser insobornables, por ser
difíciles de convencer y de comprar parece convenirle a algunos
tenerlos al margen de pautas mejores, de condiciones más
favorables o de estándares de desarrollo más competitivos?.
Octavo, los Medios Barriales de Comunicación por su parte deben
entender que la unión va a seguir siendo su mayor fuerza.
Desunidos corren peligro, porque a los poderosos de turno nunca
les convienen los medios de información independientes y
valientes, los medios que tienen un contacto directo, inmediato
y confiable entre la letra y el lector. Muchos de los que hemos
perdido confianza en muchos de nuestros medios nacionales de
comunicación, todavía creemos en la imparcialidad, en la
necesidad y en la solvencia intelectual e ideológica de nuestros
Medios Barriales de Comunicación.
Noveno, los porteños por nuestro lado, todos los porteños sin
distinción de partido, clase social, ideología o cualquier otra
división circunstancial, debemos comprender que los Medios
Barriales de Comunicación no son solo nuestro más confiable e
inmediato canal de información sobre lo que sucede en nuestra
comunidad, sino además, que son la fuente más directa de
denuncia, de señalamiento o de llamado de atención en niveles
superiores de lo que necesita nuestro sector, nuestro barrio o
nuestra comunidad.
Y décimo, aunque no en último lugar, todos, absolutamente todos,
debemos entender que nos encontramos en un punto de inflexión,
en un innegable punto de no retorno, para que nuestros Medios
Barriales de Comunicación sigan “siendo” nuestro canal más
confiable de comunicación porteña o lleguen a ser la “nada” que
muchos dirigentes, muchos políticos, muchos funcionarios y
muchos medios nacionales de comunicación quieren que sean.
Los Medios Barriales de Comunicación son los más importantes
fiscales informativos de los abusos, la inactividad o las
medidas inadecuadas que adoptan los gobiernos, cualquier
gobierno, todos los gobiernos. La fiscalización informativa, es
uno de los pilares fundamentales de la Fiscalización Ciudadana
que tanto pregona y lleva adelante nuestro Instituto, el
Instituto para Pensar Buenos Aires (IpeBA). Soy un convencido de
que la fortaleza de nuestros Medios Barriales de Comunicación
nos hará más fuertes como sociedad, como comunidad y como
Ciudad.
Los que estamos convencidos de que nuestro sistema político debe
ser, de una vez por todas, representativo, republicano y
municipal, no concebimos una Ciudad desarrollada sin una Prensa
Barrial fuerte y desarrollada.
Por Aníbal Gotelli
Presidente del Instituto para Pensar Buenos Aires (IpeBA) |