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La asociación
“Luchemos por la vida” midió el uso de teléfonos celulares por
parte de conductores y de peatones, estos últimos, mientras
cruzaban las calles en la ciudad de Buenos Aires. La distracción
al volante o a pie agrega más peligro al tránsito cotidiano.
El 4,1% de los conductores particulares usa su celular mientras
conduce. Esta cifra resulta alarmante, ya que significa que
entre los vehículos que circulan por Buenos Aires, diariamente,
alrededor de 1.400.000, hay aproximadamente 57.400 manejando con
un celular en la mano, simultánea y constantemente, pese a la
expresa prohibición del art. 48, inc. “y” de la Ley Nacional de
Tránsito 24.449. |
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Estar comunicado
todo el tiempo, esa parece ser la consigna actual para todos los
habitantes, no importa dónde se encuentren, en pleno centro de
la ciudad o en la montaña haciendo trekking, con quién se
encuentren, solos o bien acompañados, lo que estén haciendo,
descansando, trabajando, conversando, caminando o conduciendo,
para la mayoría de las personas se ha tornado “imperdonable”
apagar el teléfono celular.
Hay que comunicarse todo el tiempo y a cualquier costo. Y cuando
hablamos de “costo” nos referimos a especies diversas, no sólo a
los costos económicos de las llamadas sino también a los costos
laborales de interrumpir y demorar las tareas, los costos
sociales de darle la espalda a la persona con la que se está
para atender la llamada de otra, interrumpir el partido de tenis
dejando a los compañeros en “espera”, molestar en el teatro a
los que están deleitándose con ese concierto excepcional, etc,
etc. Y mucho más grave aún, los costos en vidas humanas que, sin
duda, conlleva el conducir un vehículo mientras se habla por
celular o se lee o envía un mensaje de texto, o cuando se cruza
las calles usando el omnipresente aparatito.
Está fuera de discusión el enorme progreso que ha significado la
telefonía móvil para la humanidad. Sin embargo, como ocurre con
muchos logros tecnológicos, todavía no se mensuran los riesgos
que acarrea un uso sin límites de la misma.
Nuestro pequeño cerebro no evoluciona tan rápido como la
tecnología. Tanto es así que recientes estudios del funcionamiento
cerebral han coincidido en demostrar que al cerebro le cuesta
procesar dos actividades al mismo tiempo, tales como conducir un
vehículo y hablar por teléfono simultáneamente.
Experimentos de laboratorio realizados en Estados Unidos con
voluntarios a los que se les propuso realizar dos tareas
diferentes relacionadas con el lenguaje y la atención, que
activaban diferentes regiones del cerebro comprobaron, por medio
de resonancias magnéticas funcionales, que al hacer una
actividad solamente se activaba un área cerebral determinada,
pero al realizar dos tareas simultáneamente no se activaban
exactamente las mismas áreas, sino que la superficie cerebral
comprometida en las actividades era mucho menor. En otras
palabras, cuando las personas intentan, por ejemplo, conducir en
una calle y hablar por teléfono al mismo tiempo, la cantidad de
atención dedicada a cada una de las tareas disminuye, cayendo la
concentración y el rendimiento.
El cerebro tiene una capacidad limitada para realizar tareas
simultáneas que demandan atención. Cuando se atiende a dos
tareas se las atiende a medias.
Otras investigaciones, tales como las más recientes
desarrolladas en la universidad de Utah, dirigidas por el Dr.
David Strayer, han comprobado las diferencias de rendimiento en
la conducción de los conductores que hablan por celular, al
punto de equipararse sus reacciones a las de un conductor
alcoholizado, con 0,8 g/l de alcohol en sangre. Los
investigadores calcularon que en este caso los conductores
tienen cinco veces y media más posibilidades de protagonizar un
accidente que un conductor atento exclusivamente al camino. Esta
es la razón por la que las legislaciones de tránsito de todo el
mundo han comenzado a incluir la prohibición del uso del
teléfono celular, con o sin manos, mientras se conduce.
En nuestro país el problema está aumentando. Por ello la
asociación Luchemos por la Vida decidió medir el uso del celular
entre los conductores y entre los peatones mientras cruzaban las
calles. La situación es preocupante, y requiere urgentes medidas
para poner límites a este hábito creciente.
Porque algunas veces, estar comunicado puede ser un problema y
no una solución.
Lic. María Cristina Isoba |