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30 de Noviembre de 2011

Yo te llamo, tú me llamas, él me llama, nosotros chocamos

La asociación “Luchemos por la vida” midió el uso de teléfonos celulares por parte de conductores y de peatones, estos últimos, mientras cruzaban las calles en la ciudad de Buenos Aires. La distracción al volante o a pie agrega más peligro al tránsito cotidiano.

El 4,1% de los conductores particulares usa su celular mientras conduce. Esta cifra resulta alarmante, ya que significa que entre los vehículos que circulan por Buenos Aires, diariamente, alrededor de 1.400.000, hay aproximadamente 57.400 manejando con un celular en la mano, simultánea y constantemente, pese a la expresa prohibición del art. 48, inc. “y” de la Ley Nacional de Tránsito 24.449.

Estar comunicado todo el tiempo, esa parece ser la consigna actual para todos los habitantes, no importa dónde se encuentren, en pleno centro de la ciudad o en la montaña haciendo trekking, con quién se encuentren, solos o bien acompañados, lo que estén haciendo, descansando, trabajando, conversando, caminando o conduciendo, para la mayoría de las personas se ha tornado “imperdonable” apagar el teléfono celular.

Hay que comunicarse todo el tiempo y a cualquier costo. Y cuando hablamos de “costo” nos referimos a especies diversas, no sólo a los costos económicos de las llamadas sino también a los costos laborales de interrumpir y demorar las tareas, los costos sociales de darle la espalda a la persona con la que se está para atender la llamada de otra, interrumpir el partido de tenis dejando a los compañeros en “espera”, molestar en el teatro a los que están deleitándose con ese concierto excepcional, etc, etc. Y mucho más grave aún, los costos en vidas humanas que, sin duda, conlleva el conducir un vehículo mientras se habla por celular o se lee o envía un mensaje de texto, o cuando se cruza las calles usando el omnipresente aparatito.

Está fuera de discusión el enorme progreso que ha significado la telefonía móvil para la humanidad. Sin embargo, como ocurre con muchos logros tecnológicos, todavía no se mensuran los riesgos que acarrea un uso sin límites de la misma.

Nuestro pequeño cerebro no evoluciona tan rápido como la tecnología. Tanto es así que recientes estudios del funcionamiento cerebral han coincidido en demostrar que al cerebro le cuesta procesar dos actividades al mismo tiempo, tales como conducir un vehículo y hablar por teléfono simultáneamente.

Experimentos de laboratorio realizados en Estados Unidos con voluntarios a los que se les propuso realizar dos tareas diferentes relacionadas con el lenguaje y la atención, que activaban diferentes regiones del cerebro comprobaron, por medio de resonancias magnéticas funcionales, que al hacer una actividad solamente se activaba un área cerebral determinada, pero al realizar dos tareas simultáneamente no se activaban exactamente las mismas áreas, sino que la superficie cerebral comprometida en las actividades era mucho menor. En otras palabras, cuando las personas intentan, por ejemplo, conducir en una calle y hablar por teléfono al mismo tiempo, la cantidad de atención dedicada a cada una de las tareas disminuye, cayendo la concentración y el rendimiento.

El cerebro tiene una capacidad limitada para realizar tareas simultáneas que demandan atención. Cuando se atiende a dos tareas se las atiende a medias.

Otras investigaciones, tales como las más recientes desarrolladas en la universidad de Utah, dirigidas por el Dr. David Strayer, han comprobado las diferencias de rendimiento en la conducción de los conductores que hablan por celular, al punto de equipararse sus reacciones a las de un conductor alcoholizado, con 0,8 g/l de alcohol en sangre. Los investigadores calcularon que en este caso los conductores tienen cinco veces y media más posibilidades de protagonizar un accidente que un conductor atento exclusivamente al camino. Esta es la razón por la que las legislaciones de tránsito de todo el mundo han comenzado a incluir la prohibición del uso del teléfono celular, con o sin manos, mientras se conduce.

En nuestro país el problema está aumentando. Por ello la asociación Luchemos por la Vida decidió medir el uso del celular entre los conductores y entre los peatones mientras cruzaban las calles. La situación es preocupante, y requiere urgentes medidas para poner límites a este hábito creciente.

Porque algunas veces, estar comunicado puede ser un problema y no una solución.

Lic. María Cristina Isoba

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