Crean
el primer test argentino de
inteligencia para bebés
Vito
se entrega a la propuesta con la
inocencia dulce y frontal de sus
ocho meses. Expectante, mira con
seriedad un osito amarillo que asoma
y se esconde detrás de un cartón
clarito. Lo observa inmóvil unos
segundos hasta que la tensión crece
y el gordo apura sus manos contra el
cartón, lo corre, lo golpea, y sonríe
al recuperar al oso frente a sus
ojos. Lo mismo ocurrirá segundos
después, cuando una tela roja
insista en tapar un autito de
madera, probando si el bebé
entiende que el chiche no ha
desaparecido irremediablemente, que
está debajo, que puede buscarlo...
Los "juegos" se suceden,
de uno en vez. Y Vito sigue, tan
concentrado como puede, ajeno a lo
que efectivamente está sucediendo:
dos científicas le están haciendo
su primer test de inteligencia.
La escena transcurre en el Centro
Interdisciplinario de
Investigaciones en Psicología Matemática
y Experimental del Conicet, en el
barrio porteño de Once. Y quienes
están al frente de la prueba son,
precisamente, quienes la crearon: la
doctora Alicia Oiberman y la
licenciada Mariela Mansilla, dos
profesionales de abultada
experiencia en el área de psicología
del desarrollo. "El test está
a punto de cumplir tres años y
estamos recogiendo los primeros
resultados de su aplicación",
celebra Oiberman.
El "bebé test", el nombre
casero de un estudio que promete
arrojar luz sobre la evolución
cognoscitiva del bebé en los casi
inexplorados meses que
transcurren hasta sus dos años, es
la primera Escala Argentina de
Inteligencia Sensorio Motriz.
"Es un método de evaluación
diseñado para medir la inteligencia
global de los chicos de entre 6 y 24
meses. Observamos las estrategias
que desarrolla el bebé para
resolver problemas",
explica Oiberman.
La importancia del test radica en
que permite detectar precozmente retrasos
o alteraciones cognoscitivas.
"Si uno advierte de manera
temprana un problema puede atacarlo
con mayor eficacia. Y si los niveles
están dentro de lo normal pero
observamos alguna dificultad
proponemos que se estimule al chico
en ciertos aspectos en los que pueda
estar complicado", dice
Mansilla.
Explican las expertas que la
inteligencia es una habilidad que
se adquiere. Y así como el
pediatra chequea periódicamente el
percentilo que tiene el chico en lo
que refiere a peso y estatura, este
nuevo test permite evaluar y
calificar su desarrollo
cognoscitivo. "Desde que nacen,
los chicos tienen una
inteligencia práctica que les
permite hacer cosas. Se construye a
partir de un proceso por el cual el
bebé, a través de la percepción,
desarrolla estrategias para resolver
las situaciones que se le van
presentando", agrega.
Una vez concluido, el test termina
ubicando al chico en un determinado
estadío en lo que hace al
desarrollo de su inteligencia. Si su
nivel está acorde con su edad, no
hay problema. Si los hay, el trabajo
recién empieza. "Muchos
retrasos son reversibles. Hay
pruebas que apuntan al resultado
final (lo agarra o no lo agarra,
camina o no camina), pero nosotros
hacemos hincapié en el proceso y en
el cómo lo resuelve. Estudiamos
la mirada, el gesto, la intención.
Todo aporta mucha información y
permite evaluar cosas más allá del
éxito o fracaso en cada
prueba", comenta Oiberman.
"Lo importante es que avance. Y
eso depende de la estimulación y de
la situación emocional de la
familia."
Los retrasos pueden tener distintas
causas: hay disparadores orgánicos
(como un compromiso neuronal o
algo genético) y también socioambientales,
vinculados a la estimulación de la
familia. "Lo emocional afecta
mucho. Si el niño vive situaciones
de violencia o agresividad o
momentos de mucho estrés puede
presentar retrasos", revela.
El equipo ya capacitó a 80
profesionales de todo el país y
evaluó a unos 900 chicos.
Actualmente, con la colaboración de
la Comisión Nacional de Prevención
Sanitaria del Ministerio de Salud
están estudiando a chicos
desnutridos del conurbano.
"Nunca se había investigado el
proceso intelectual en bebés
desnutridos y encontramos que más
de la mitad tiene retrasos. Es
un dato te rrible. No hay futuro en
un país que hipoteca su
infancia", sentencia Mansilla.
"Muchos tienen dificultades en
el área de exploración del objeto
(derivados, a veces, de madres muy
inhibidoras que no los dejan
explorar demasiado). Todos tardan el
doble de tiempo en resolver las
pruebas, y los de percentilos más
bajos son más retraídos e
inhibidos y tienen poca tolerancia a
la frustración."
Pero no sólo los niños de hogares
pobres tienen problemas de
conocimiento. "En los sectores
altos vemos chicos con dificultades
de aprendizaje porque no tienen
suficiente estimulación y afecto.
Y en las clases medias hay muchos
prematuros. Los partos se
adelantan por el estrés que sufren
las embarazadas al trabajar hasta último
momento, y eso tiene costo: el 20%
de los que nacen pre-término tienen
retrasos", asegura Oiberman.
El test está inspirado en una
vieja escala que usaba en los 60
el psicólogo suizo Jean Piaget,
quien describió el desarrollo
espontáneo en los bebés de una
inteligencia práctica, basada en la
acción. "Nos sirvió de base,
pero era necesario tener una escala
propia, porque se deben contemplar
las particularidades y el entorno
cultural para que los resultados
sean válidos", explican.
El sueño de las especialistas es
"validar los resultados en
todas las provincias y que se
incorpore la escala como medida de
desarrollo en todo el país, pero
nos falta apoyo económico. Ojalá
podamos hacerlo algún día",
dice Oiberman. Y ojalá ese diagnóstico
sirva para que los funcionarios
reaccionen y todos los chicos
argentinos tengan el mismo punto de
partida y, por lo tanto, las mismas
oportunidades.
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