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Ahora será más fácil
instalar rampas para
discapacitados en los
edificios de la ciudad
de Buenos Aires
Colocar una rampa para
personas con
discapacidad en un
edificio de propiedad
horizontal será, desde
ahora, mucho más fácil:
ya no será necesaria una
decisión unánime del
consorcio de
propietarios. Bastará
con que así lo disponga
la mayoría simple de los
dueños de departamentos
para que quienes tengan
problemas de movilidad
vean facilitado su
ingreso en el edificio.
Esto es gracias a una
disposición de la
Dirección General de
Fiscalización de Obras y
Catastro (Dgfoc) del
gobierno porteño, que ya
no exige que la
totalidad de los
propietarios esté de
acuerdo sobre la
necesidad de realizar
esta clase de reformas.
La disposición 4055 de
la Dgfoc, que entró en
vigor el 17 de enero
último, se tomó luego de
un reclamo presentado
por la Defensoría del
Pueblo de la Ciudad.
Este organismo recibe a
diario numerosos pedidos
de personas con
discapacidad para que
las ayuden a agilizar
los cambios en los
edificios.
La importancia de la
nueva norma se aprecia
cuando se piensa que
muchas veces llegar a un
consenso entre los
propietarios puede ser
una verdadera hazaña,
sobre todo en edificios
que tienen gran cantidad
de unidades.
La nueva disposición
confirma el espíritu de
la ley porteña 962
-promulgada en enero de
2003- que estipula que
todas las nuevas
construcciones deben
garantizar la
accesibilidad física
para todos, a través de
las rampas y desn iveles
correspondientes.
"No me cabe duda de que
las medidas que
refuercen el estado de
derecho para personas
con movilidad y
comunicación reducida
van a ser un elemento
positivo no sólo para
éstas personas, sino
para toda la población",
dijo Silvia Coriat,
directora del área de
accesibilidad de la
Fundación Rumbos. Coriat
recordó que la ley
nacional 24.314 plantea
la obligación que tienen
los consorcios de
responder al
requerimiento de un
usuario o visitante
sobre la necesidad de
construir adecuaciones
en los espacios comunes
de las viviendas
colectivas.
Hasta hace pocos días,
el administrador de un
edificio de propiedad
horizontal que deseaba
realizar determinadas
obras tenía que
solicitar la
autorización
correspondiente ante la
Dgfoc. Ahora, aunque eso
se mantiene vigente, ya
no habrá que acreditar
la conformidad del
ciento por ciento de los
propietarios para
conseguir el permiso.
"Va a ser suficiente que
los consorcios lo
definan con l a mayoría
simple de los miembros
presentes o de la
totalidad de los
propietarios", dijo la
defensora del pueblo
Alicia Pierini que opinó
que, por ejemplo, en
edificios con 160
departamentos lograr un
consenso es imposible.
"Hay que imaginar que
algunos dueños pueden
estar muertos o haber
sucesiones en trámite,
entonces es imposible
contar con su opinión al
respecto", dijo Pierini.
Desde el sector que
agrupa a los
consorcistas se deslizó
la misma opinión.
"Muchas veces, el
permiso municipal se
veía entorpecido por la
falta de conformidad
unánime de los dueños.
No sólo era difícil
porque no todos estaban
de acuerdo, sino que a
veces ni siquiera se
logra reunirlos en una
misma mesa", dijo
Osvaldo Loisi,
presidente de la Liga
del Consorcista de la
Propiedad Horizontal,
que consideró que la
Dgfoc siguió un criterio
"sumamente plausible" al
tomar la decisión de
librarlos de aquella
pesada carga.
Objeción legal
Aunque se manifestó
absolutamente a favor de
la nueva medida, Loisi
consideró que el
gobierno porteño, al
permitirles a los
consorcios librarse de
la unanimidad para
llegar a un acuerdo, se
está inmiscuyendo en
competencias que
pertenecen al Poder
Legislativo nacional.
"La ley de propiedad
horizontal, que es
nacional, dice que
cuando se introducen
modificaciones en los
edificios, cualquiera
que sean, el consorcio
debe decidirlo por
unanimidad. El cambio de
la ley tienen que
hacerlo el Congreso",
dijo Loisi.
Luis Ignacio Franceschi,
titular de la Dgfoc,
consideró que no hay
conflictos de
competencia. "Las leyes
nacionales rigen para
todos, pero no están
destinadas a cubrir las
reglamentaciones
municipales. El gobierno
[porteño] hizo una libre
interpretación de la
norma que se basa en una
razón de mejor vivir
para las personas
discapacitadas", afirmó.
Franceschi dijo desde
hace tiempo vienen
planteándose problemas
entre la personas con
discapacidades y los
consorcios, que se
niegan a facilitarles el
acceso por una rampa
amparándose en que no
logran unanimidad en las
decisiones.
Para los propietarios,
muchas veces, la
decisión pasa por una
cuestión puramente
económica.
"Cuando no hay acuerdo
para construir
facilidades para las
personas con movilidad
reducida es porque no se
quiere desembolsar el
dinero que hace falta",
dijo María Arano, de 31
años, dueña de un
departamento en el
barrio de Núñez, en un
edificio que no está
preparado para el
ingreso con sillas de
ruedas.
"Pienso que toda la
ciudad, incluidos los
edificios privados,
debería estar preparada
para que la gente
discapacitada pueda
circular sin
inconvenientes", opinó
la joven.
Mario Monaco, de 33
años, que vive en el
barrio Las Cañitas, dijo
que en su edificio
llegar a los ascensores
puede ser una verdadera
odisea para las personas
con discapacidades. "Hay
tres escalones en la
entrada y otros cuantos
más para llegar al
ascensor. Es imposible
que acceda una persona
en silla de ruedas. Yo
no tendría
inconvenientes en que me
suban las expensas para
pagar las
remodelaciones", dijo.
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