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Tenía que ir a
realizar un trámite en el centro de la ciudad descentralizada de
Buenos Aires, y entonces pensé ¿Cuál es la vía más cómoda y
rápida para llegar al centro desde Belgrano?, el subte por
supuesto me auto-respondí. Entonces me dirigí hacia la estación
Juramento. Al llegar me urgía la necesidad de visitar el
sanitario, pero el baño no estaba habilitado. ¿Se puede tener
abierta una estación de subte sin baño habilitado?, esta vez no
supe que responderme. Decidí hacerme un nudito, sabio consejo de
mi madre docente cuando yo era chiquito y no había un baño
cerca.
El subte venía llenó entonces me pregunté: ¿Qué puedo hacer para
viajar sentado? Ya sé, lo tomó al revés, me voy hasta Congreso
de Tucumán y después vuelvo. Me senté en el subte y al llegar a
la Estación Congreso, una voz muy femenina informó por el
altoparlante, “Todos los pasajeros deben descender del vehículo,
el coche sale de funcionamiento”. Bajé del subte, y la estación
estaba repleta, tal es así que cuando vino el otro subte, no
llegué a conseguir asiento así que decidí espera uno más. Me
paré justo al lado del borde, y tomé posición como si tendría
que largar una carrera, y ni bien llegó el subte a codazos y
empujones, conseguí mi objetivo, el preciado asiento.
Para relajarme y tratar de olvidarme de mis ganas de ir al baño,
puse en mi celular música bien tranqui, pero cuando empezó a
andar el subte, el tremendo ruido que hacía no me dejaba
escuchar la música. Casualmente al lado mío estaba sentado un
señor que en su saco decía “Dr. Oreja”. Discúlpeme Dr. ¿cuantos
decibeles puedo soportar el oído humano? ¿no hay demasiado
ruido? A lo que el Dr, me respondió, ¿¿¿¿Quueeeeee????? así que
se imaginarán que me quede con la duda.
Mientras tanto un señor que vendía Guías Filcar dejaba una
apoyada en mi cabeza y otro me ponía en la rodilla un lindo
velador especial para el bolsillo de la dama y la cartera del
caballero ¿Es así o al revés?.
De pronto subió una embarazada y justo en ese mismo instante
todas las personas que estaban al lado mío entraron en un sueño
profundo y un señor grandote parecido a los custodios de Fort me
miró con cara mala y me dijo “¿Qué esperas para levantarte y
darle el asiento a la señora?” Me paré y viaje aplastado hasta
llegar a destino con una temperatura similar a la que tienen los
pobres mineros Chilenos que están atrapados.
Bajé en Catedral en unas rápidas 6 horas realicé el trámite por
el cual había ido hacia el centro. Volví en subte con un viaje
similar al de ida, y al bajar en Juramento, pisé orgulloso
nuevamente el suelo de Belgrano pero ¡sorpresa!, en la vereda
había caquita de perro que quedó bien desparramada en la suela
de mi zapato, mientras tanto en la sintonía de la radio de mi
celular podía escuchar la melodía de “este maravilloso mundo” y
pensé “Que lindo que es viajar en Subte” |