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La calle es su
lugar, para comer, para deambular y para sobrevivir. Era Agosto,
el día del niño se acercaba y muchos de esos chicos pasaban
frente a la vidriera de aquella juguetería, mirando y mirando
con la ilusión de atraer a esa muñeca y aquel autito.
Mucha gente pasaba indiferente, pero otros no podían soportar
ver la carita de un pequeño que lloraba desconsolado.
Como todos los años, el comedor de Barrancas se preparaba para
el gran festejo del día del niño y para ello solicitaban la
colaboración de los vecinos. Esta iniciativa llegó a oídos de
Raquel, una maestra de primer grado, y rápidamente organizó una
colecta de juguetes en su escuela. Dar es dar, y si un chico
tiene un juguete que ya no usa, se lo puede regalar a ese otro,
que no tiene la suerte de tener un hogar. Y así fue que los
chicos juntaron y juntaron y el día del acto del 17 de Agosto,
recordaron “las máximas para mi hija”, una lista de consejos que
escribió San Martín para su hija Merceditas, entre los cuales
mencionaba, “Estimular la caridad con los pobres”.
Y el incansable Carlos, se acercó a la Escuela Honorable
Congreso de la Nación, justo aquella en la que sus hijos
hicieron la primaria, y tras decir unas palabras emotivas,
recibió los juguetes para los niños del Comedor de Barrancas.
"La pobreza no es un fenómeno natural. La causan los seres
humanos y puede ser superada y erradicada gracias a la actuación
de esos mismos seres humanos. Acabar con la pobreza no es un
gesto de caridad; es un acto de justicia. Es proteger un derecho
humano fundamental, el derecho a la dignidad y a una vida
decente. Mientras siga habiendo pobreza, no habrá verdadera
libertad". Nelson Mandela
La escuela pública, la solidaridad de los vecinos, y la sana
inocencia de los chicos, son un cóctel ideal para soñar con una
ciudad más justa, para sacar a esos chicos de la calle, porque
la calle no debe ser su lugar.

Liliana Rodríguez de Güelfi y Carlos Durañona recibiendo los
regalos |