18 de Abril de 2016

“Belgrano cambió mucho,
pero sigue siendo el barrio más lindo”

¿Cómo imaginarlo hace casi cien años? ¿Cómo reconocerlo en aquel momento si hasta hace no mucho era diferente a como es ahora? La mejor manera es escuchar lo que las personas que vivieron y crecieron décadas atrás entre calles de adoquines y studs de caballos tienen para contarnos. Una de ellas es Amalia Basile, vecina de 90 años, que entre cafés nos detalla sus más profundos recuerdos y experiencias.

Por Gonzalo Bañez Villar
gonzalo@mibelgrano.com.ar

“No me toquen a Belgrano, puede tener cosas malas o que no gusten, pero yo nací acá y lo voy a defender”, aseguró en los primeros minutos de conversación, mostrando el sentimiento de pertenencia que ha ido construyendo en todos estos años.

Se crió en una casa sobre la calle Mendoza y Arribeños, donde hoy se encuentra el barrio chino. Hija única, recuerda las tardes jugando en la vereda o merendando con sus amigas Polola y Dorita. “Siempre estábamos acompañadas por alguien, si no podía ser alguna de nuestras madres era una señora que ayudaba en la casa, se acostumbraba a que fuese así, a todas les pasaba”.

La inseguridad es algo que preocupa en la actualidad, pero en la década del ’20 y del ’30 no era tan así. “Alrededor de las diez de la noche unos policías de la Comisaría 33 (ya ubicada en Mendoza y Cuba) hacían un recorrido a caballo para asegurarse de que no hubiese nada mal, y luego, un rato más tarde, pasaba un sereno a verificar que las puertas estuviesen cerradas con llave”, contó Amalia casi riéndose al pensar en la abismal diferencia que existe con el hoy.
Las calles eran de adoquines, la luminaria de faroles, los hombres llevaban siempre traje y las mujeres iban bien vestidas, así era la estética del barrio. Además, las casas eran realmente grandes, “no menos de cinco ambientes cada una”. En Belgrano residían familias de alto poder adquisitivo, muchas de ellas propietarias de caballos, que eran vareados (los sacaban a “pasear”) por las tardes a la vista de todos los vecinos.

Los niños solían jugar en las Barrancas de Belgrano o en las calesitas tiradas a caballo. Ella misma iba a la que se encontraba a pocos metros de su casa, sobre Mendoza próxima a la vía del tren. Ya más de grande, eran populares las fiestas en el Club River, sobre todo durante las fechas de carnaval, donde las orquestas tocaban hasta las tres o cuatro de la mañana al ritmo del tango, jazz, y otros géneros de la época. Al mismo tiempo, contó casi en secreto, “se rumoreaba que en el Belgrano Athletic Club se organizaban noches de juego y apuestas”, algo considerado ilegal.

Pero una gran cantidad de cambios fueron sucediendo en todos estos años. Amalia recuerda las crecidas del Río de la Plata que llegaban hasta la calle Montañeses, los árboles plantados en los costados de Cabildo, y hasta de lo angosta que era la vieja Avenida Blandengues. Ya nada de eso existe hoy.

Justamente pocos sabrán que cuando se habla de Blandengues se está haciendo referencia a la actual Avenida del Libertador, llamada así en 1950 por Juan Domingo Perón en homenaje por el centenario del fallecimiento del general José de San Martín. Aunque previamente, y durante ocho años, la artería principal de la zona del “Bajo” fue nombrada como José Félix Uriburu.

Los años siguieron pasando. El desarrollo y la modernización no sólo invadieron Belgrano sino que también lo hicieron en gran parte de la Ciudad. La línea del tren Mitre que pasa por Barrancas de Belgrano abandonó las dos clases de boleto, uno para la primera donde había asientos de cuero, y otro para la segunda, con unos de madera, para empezar a ser único. El tranvía que circulaba por la Avenida Cabildo entre Saavedra y La Boca dejó de funcionar en 1963 para cederle, muchos años después, esos mismos carriles exclusivos al ahora Metrobus Norte. “El barrio en general cambió”, aseguró Amalia, ya con la taza de café vacía y una masita de manteca a medio comer.

“Ahora la gente anda más a las corridas, son pocos los que paran a saludarte y ni hablar de conocer a todos tus vecinos, o al menos a la mayoría, algo que antes sí pasaba”, cuenta con tono tenue. Luego, agregó que a su criterio las familias no se juntan tanto como antes, además de ser más chicas producto del vértigo y la velocidad con la que se vive.

El desarrollo y los cambios que se produjeron en la zona no hicieron que en su percepción el barrio empeore, sino que por el contrario, le gusta mucho como está ahora. “Belgrano explotó y se hizo grande al máximo. Se llenó de edificios, líneas de colectivos, subtes, completamente diferente al pasado, pero sigue manteniendo su espíritu, es muy bello”.

Hace ya casi 40 años que Amalia vive en Núñez, pero aún así mantiene sus lazos con la época de su juventud: suele ir a la Parroquia de las Mercedes, ubicada en Echeverría y Miñones, o a la Inmaculada Concepción (conocida como “La Redonda” de Juramento, aunque ella detesta que la llamen así), donde tomó su primera comunión y se casó.

Lamentablemente es hora de terminar con la charla, aunque nos podríamos haber quedado muchas horas más hablando de las experiencias y nutridas imágenes que le afloraban del barrio, de Belgrano. Aprovechemos y disfrutémoslo para que el día de mañana los jóvenes de hoy tengan un tan lindo recuerdo de su pasado como lo tiene Amalia.