La Ley 3072 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires define al incidente de tránsito o incidente vial, como un “hecho en el cual se produce daño a una persona o cosa en ocasión de la circulación en la vía pública”.

El término “accidente” hace referencia a un hecho impredecible e inevitable que es imposible de controlar. Y aunque los mal llamados “accidentes de tránsito” fuesen inesperados y sorpresivos, esto no implica que no sean prevenibles ya que la mayoría se producen por errores que cometen las personas.

Si se tiene la idea de que este tipo de hechos son inevitables, es poco lo que se puede hacer. En cambio, nombrarlos como incidentes impide que se desligue de responsabilidad a las conductas de las personas, permitiendo analizar sus causas y trabajando en ellas para que no vuelvan a ocurrir.

Por la Ciudad circulan peatones, ciclistas y conductores de motovehículos, de medios de transporte, de camiones y de autos. Los espacios públicos son lugares de encuentro entre personas. Son, por lo tanto, espacios de convivencia. La fluidez y la seguridad en la vía pública son posibles únicamente si existe solidaridad en el tránsito. Se trata de respetar un código (una ley) y, por lo tanto, de respetar a otra persona. Un antiguo principio legal indica que se le debe pedir más cuidado al más fuerte, en este caso, a quien conduce, para que tome conciencia de la peligrosidad que implica manejar un vehículo y de la especial responsabilidad que ello conlleva.

Si se decide movilizarse conduciendo un vehículo, la responsabilidad que se debe asumir es todavía mayor, porque según la velocidad que se desarrolle, el tamaño de la carrocería y el peso que se transporte, se generará un riesgo mayor a la hora de circular, por eso, conducir, es un acto de responsabilidad.

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