La ciudad de los niños

Desde 1991, el proyecto internacional “La ciudad de los niños”, propone a las administraciones urbanas que cambien el parámetro. Que pasen del adulto varón, activo y automovilista al niño y que bajen el punto de vista a la altura de la infancia para no olvidarse de nadie. El supuesto en el que se basa el proyecto es sencillo pero revolucionario: cuanto más se adapta la ciudad a los niños mejor viven todos sus habitantes.

El niño, cuando expresa sus exigencias, transmite perfectamente las de todos los ciudadanos a partir de los más débiles, como pueden ser los que sufren algún tipo de discapacidad y los ancianos. Por este motivo, deberíamos convertirlo en el paradigma para una nueva filosofía del gobierno de la ciudad.

Es interesante advertir que la ciudad que quieren ellos es prácticamente idéntica a la que preconizan los ambientalistas y los investigadores de diferentes disciplinas, como la sociología, la psicología, la arquitectura, el urbanismo o la pediatría e incluso la que defienden los juristas. Es necesario entender que los niños, para conseguir una ciudad en la que sea posible jugar y puedan ejercer su oficio de niños, necesitan que sea segura, limpia, bonita y sana. Para jugar, necesitan la ciudad que todos nosotros necesitamos para vivir bien y para materializar nuestros proyectos y nuestros deseos. Cuando la ciudad olvida a los niños, olvida a todos sus ciudadanos. También se olvida a sí misma, pero si recupera la relación con los niños, si les da tiempo y espacio para jugar, si les concede la palabra, les escucha y tiene en cuenta sus ideas, tal vez pueda salvarse.

La ciudad es peligrosa

Tanto los niños como los adultos hacen un diagnóstico muy parecido de la realidad. Unos y otros se dan cuenta de que la ciudad es peligrosa. Hay demasiados automóviles que no respetan a los peatones, las aceras están sucias, en malas condiciones y llenas de obstáculos, los pasos cebra no son seguros y hay malas personas en las calles. En cambio, las consecuencias para unos y otros son muy distintas. Los adultos dicen: “Puesto que éstas son las condiciones de la ciudad, te quedas en casa, y si tienes que salir te acompaño, probablemente en coche, y te espero”. Por su parte, los niños dicen: “Éstas son las condiciones de la ciudad, pero hay que cambiarlas”.

Los adultos están resignados y consideran que las características de la ciudad son algo objetivo e inmutable. En cambio, los niños son implacables; no están dispuestos a renunciar a su libertad porque la necesitan para crecer. Por otra parte, los niños, ya desde pequeños, son capaces de interpretar las propias necesidades y de contribuir a cambiar su ciudad. Por lo tanto, vale la pena darles la palabra, invitarlos a participar, porque tal vez en su nombre y para su bienestar sea posible pedir a los ciudadanos adultos aquellos cambios que difícilmente estarían dispuestos a aceptar y a promover por sí mismos, a pesar de ver su necesidad y su urgencia.

En esta edición de Mi Buenos Aires Mi Ciudad de Agosto 2026, se pueden leer las siguientes notas:

Auspician Mi Buenos Aires Mi Ciudad:

Mi Buenos Aires Mi Ciudad de Agosto 2026

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