27 de Noviembre de 2016

Árboles, Barrancas y Próceres

A través del tiempo barrancas y árboles se conjugaron enlazando las páginas de gloria de nuestros próceres. En las barrancas del río Paraná, los árboles “sarandí blanco” y el “pino de San Lorenzo” brindaron amparo a los generales Manuel Belgrano y José de San Martín.

Por Rafael R. Sirvén
rrsirven@gmail.com

Hacia el sur, el río se abre en numerosas ramas en el Delta del Paraná. Más abajo aparece el ancho río sin costa visible en el horizonte, el Río de la Plata, después el estuario se hace mar. Sus barrancas se inician en San Isidro, continúan en Olivos, Vicente López y en Barrancas Belgrano. Más al sur hacia el puerto de Buenos Aires, surgen las verdes barrancas de Plaza Francia y de la Biblioteca Nacional, de Retiro y de Parque Lezama.

Así como en el centro de la ciudad el “bajo” refiere a la avenida Leandro N. Alem y Paseo Colón, en el barrio de Belgrano, al “Bajo Belgrano”, que se llega al descender desde las Barrancas hacia el Río de la Plata. Esa parte del barrio con tanta identidad fue perpetuada por el tango, los “pingos” y sus studs. Reflejada en las lavanderas, que vio Prilidiano Pueyrredón a través de su óleo costumbrista, donde se destacan los ombúes. Desde otro punto, desde los jardines de su quinta, que se extendía desde Cabildo hasta “Las Cañitas” (hoy Luis María Campos), José Hernández veía el Río de La Plata.

Mencionando estos lugares no puedo dejar de recordar la belleza de la abadía de San Benito. Allí intervino el célebre arquitecto Carlos Thays en el diseño de su Patio Central y en las Barrancas de Belgrano. En dicho patio se destacan tres magníficos árboles, alcanforero, palmera y magnolia.

Un árbol histórico propio de la provincia de Buenos Aires fue el “tala” también llamado en guaraní ibirá guasú o yuasí, que significa tronco grande y espina chica (Celtis ehrenbergiana), por esa razón la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires obligó a su preservación y lo declaró “Árbol representativo de la Ciudad”, por su carácter autóctono y su valor histórico. El Despacho de la Comisión de ambiente argumentó: “La designación permitirá no sólo mantener vivos los recuerdos de sus orígenes, sino que también remediará en parte nuestro olvido, como también lo agradecerán las aves nativas, como el jilguero dorado, el boyerito, el cardenal, el pepitero de collar y la monterita cabeza negra, las orugas y las crías de las mariposas de la ciudad. Estamos a tiempo de impulsar gestos reparadores para poder revalorar esta especie y estimular su inclusión en la agenda educativa y ambiental de los porteños”.

En el territorio que hoy ocupa la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el talar constituía el bosque natural que ocupaba los terrenos altos, cercanos al Río de la Plata cuyos vestigios podemos apreciar aún en Parque Lezama o en Barrancas de Belgrano.

Las tipas conformando túneles por arriba de sus calles y la elegante arquitectura Tudor de las casas, en la Avenida Melián, distinguen a Belgrano R, el sub barrio del oeste, más apartado del río y del bajo. Las dos ramas del ferrocarril establecieron los nombres de los sub barrios. En las tierras altas, la línea Buenos Aires a Rosario da el nombre de Belgrano R. La Plaza de los Olmos (entre Zapiola, Echeverría y las vías) es un ejemplo considerando la acción de los vecinos organizados en la Sociedad de Fomento que lograron Establecer el Área de Protección Histórica (APH) N° 4 de la Ciudad de Buenos Aires. Se vincula con la Plaza Castelli y alrededores con vistosos comercios y centro cultural.

La otra rama, el Ferrocarril Central Argentino que va hacia Córdoba da origen a la estación y al sub barrio “Belgrano C”. La avenida Cabildo es el límite con Belgrano R. El Museo de Arte Español “Enrique Larreta” es un lugar emblemático de Belgrano. La centenaria casa del autor de “La gloria de Don Ramiro” de estilo neo colonial recuerda la fachada de la Casa Histórica de Tucumán. En su interior se puede descubrir un palacio del siglo de oro español, siglos XVI y XVII. En su muy visitado jardín árabe, pueden verse las siguientes especies: ombú, palo borracho, camelia, níspero, naranjos, palmeras y cipreses. En frente en la Plaza Manuel Belgrano, se alza el monumento al General Manuel Belgrano, detrás un grupo de jacarandás que sirve de marco a otras especies presentes, los plátanos y el gingko.

Las Barrancas de Belgrano tienen un especial valor histórico y cultural, por ese motivo fue declarada Área de Protección Histórica (APH). En sus orígenes fue la quinta de Valentín Alsina. Al igual que la Plaza Lavalle, en el barrio de San Nicolás, las barrancas integran tres plazas que, como expresé, fueron diseñadas por Carlos Thays. El conjunto es atravesado por las calles Echeverría y Sucre que, en su cruce con la calle 11 de Septiembre presenta dos rotondas.

La selva en galería se extiende a lo largo de las riberas de los ríos de nuestra Mesopotamia. En ese ambiente subtropical, las copas de los árboles se unen por arriba de los cursos de agua. En el pasado atravesaron esos paisajes los charrúas y guaraníes. También nuestro General Manuel Belgrano. A fines de 1810 pasó con su expedición al Paraguay por Candelaria, en la provincia de Misiones. Bajo un “sarandí blanco” meditó y descansó. Hoy ese arbusto es considerado Monumento Nacional. La especie tiene valor medicinal y como tal se encuentra inscripta en la Farmacopea Nacional Argentina.

Dos años después Belgrano creó nuestra Bandera. El 27 de febrero de 1812 en las barrancas del río Paraná, cerca de Rosario, frente a las Baterías “La Libertad” e “Independencia” informó a las autoridades de Buenos Aires que “…siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste”.

Los jesuitas plantaron el pino piñonero al sur de la provincia de Santa Fe en el año 1650. El árbol habría sido elegido por un objetivo menor, como punto de referencia o mojón para señalar el pago de San Lorenzo dentro de la Estancia San Miguel del Carcarañá. Otra versión indica que pudo haber sido plantado más tarde por los franciscanos, hacia 1796, en los fondos de la huerta del convento “San Carlos”, porque sus piñones se utilizaban en confituras de panificación en la cocina.

Sin embargo el destino del árbol fue de una importancia mayor. Según Bartolomé Mitre, San Martín descansó bajo la sombra del pino el 3 de febrero de 1813 después de la batalla de San Lorenzo a orillas de las barrancas del río Paraná y al amparo del árbol redactó el parte de guerra “bañado en su propia sangre y cubierto con el polvo y el sudor de la victoria”.

El pino de San Lorenzo fue el primer ejemplar señalado con una placa conmemorativa colocada por la Sociedad Forestal Argentina en 1913. A su vez, el primer ejemplar reproducido para originar retoños en 1915 y uno de los primeros Árboles Históricos protegidos.

El retoño del pino de San Lorenzo en lo alto de la Plaza Barrancas de Belgrano es un gran orgullo para la Ciudad de Buenos Aires. Fue plantado por la Asociación Cultural Sanmartiniana el 25 de mayo de 1932. Este retoño es más que una metáfora. Sin lugar a dudas remeda a aquellas barrancas del Paraná que fueron testigo de la gloria de los dos próceres. El pino de San Lorenzo crece hacia el cielo azul y blanco de nuestra bandera.