Un héroe de Malvinas que vivió en el barrio

El 24 de Mayo de 2017 en la plaza Fleming (Av. Lidoro J. Quinteros y Rafael Hernández), se realizó una ceremonia en honor a Gerardo Esteban Sevilla, vecino del barrio y veterano de guerra de Malvinas, en la que se descubrió una placa recordatoria. La ceremonia estuvo organizada y ejecutada por la Promoción CX de la Escuela Naval Militar. Contó con la presencia de autoridades de la Comuna 13 y de la asociación de vecinos del barrio.

Gustavo CASTILLO fue el encargado de expresar estas motivas palabras:

Se han cumplido 35 años desde que un joven vecino de este barrio ingresara en las páginas grandes de la historia argentina. Gerardo Esteban Sevilla nació en esta ciudad el 24 de agosto de 1960, y vivió en una casa de la calle Tte. Gral. Pablo Richieri. Los días de su infancia y juventud transcurrieron al reparo de estos árboles, en este apacible barrio laberíntico, a la vista de sus padres, vecinos y amigos, mientras crecía en estatura física y moral. Cursó sus estudios en el Colegio San Román a pocas cuadras de este lugar. Quien hubiera imaginado entonces que ese muchacho flaco y alto, que un día eligió la carrera de las armas para defender a su Patria en el mar, cumpliría al pie de la letra el juramento que hiciera ante Dios, sus compatriotas y sus camaradas.

El 20 de junio de 1977, en la Ciudad de Carlos Paz, juró a la Patria, seguir constantemente su bandera y defenderla hasta perder la vida. Y así lo hizo. Transcurrieron los años de formación en la Escuela Naval Militar, y este joven Cadete, repartía su interés y su tiempo entre el estudio de la carrera militar y su profunda afición por la música. Dilema vocacional que lo acompañó hasta los últimos momentos de su vida. Son innumerables las anécdotas que permiten delinear su fuerte personalidad, su apasionamiento y su hombría de bien. Quisiera compartir con ustedes una de ellas, de tal manera que no sea un nombre distante, grabado en el bronce, a quien honrar solamente en las fechas patrias, sino más bien un recordatorio permanente de la extraordinaria humanidad de un vecino ejemplar.

Luego de cinco años de preparación, llegó aquel año 1982 tan caro al sentir nacional por la recuperación de las Islas Malvinas y por las dolorosas consecuencias de la guerra. Nos encontró formando parte de las tripulaciones de la Armada, recientemente recibidos como Guardiamarinas e incorporados a la Flota de Mar. En nuestro caso, a bordo del Crucero A.R.A. “GENERAL BELGRANO” desde el 16 de diciembre del año anterior. Habíamos cumplido nuestra primera navegación de adiestramiento como integrantes de su Plana Mayor, y ambos habíamos sido asignados a sus armas antiaéreas. Además compartíamos el camarote, ese apretado espacio donde descansábamos y pasábamos los escasos momentos libres en puerto y navegación, escuchando música y compartiendo experiencias personales y profesionales.

En el mes de marzo tuvimos una licencia de 15 días, que Gerardo pidió extender, acumulándola con una posterior prevista para mitad de año; quería regresar a Europa a reencontrarse con un amor de juventud, que había conocido hacía unos meses en el viaje de instrucción. Tal era su espíritu soñador y apasionado. En aquellos tiempos, semejante empresa implicaba un gran esfuerzo económico para un joven oficial. Pese a nuestros consejos, que pretendían ser más conservadores y racionales, cumplió su sueño, y a su regreso, lo pudimos ver feliz y satisfecho de su decisión tomada con el corazón. Y cuánta razón tenía.

Pocos días después, nos enteramos de la recuperación de nuestras Islas, operación que se había mantenido en estricto secreto, aún para nosotros que no pudimos ser parte de esas jornadas por encontrarnos en unas reparaciones de gran envergadura. Dos semanas de intensos trabajos permitieron que zarpáramos el 16 de abril para incorporarnos a la Flota, ya en operaciones, conformando más adelante una Agrupación con los Destructores Piedrabuena, Bouchard, y Seguí, con el apoyo del Aviso Gurruchaga y del petrolero Puerto Rosales. Nos fue asignado un sector de patrullado al este de la Isla de los Estados y al sur de Malvinas, y el 1ro de mayo participamos en el intento de ataque a la Flota Inglesa, que fuera interrumpido por las condiciones meteorológicas adversas y la pérdida del factor sorpresa. Al día siguiente, en horas de la tarde, mientras navegábamos hacia el oeste, a la espera de mejores condiciones, fuimos atacados por el submarino H.M.S. “CONQUEROR”, por medio de tres torpedos de corrida recta, dos de los cuales impactaron en la proa y en el centro del Crucero. Un cuarto de hora antes, me dirigí al camarote que compartíamos entre seis compañeros de promoción, y me encontré con Gerardo, quien aprovechaba esos momentos de descanso, escribiéndole una carta a su querida madre. Dejé mi equipo sobre la cucheta y me despedí de él para ir a tomar un café en la Cámara de Oficiales. Nunca más lo vi con vida. Allí lo sorprendió la fuerte explosión del torpedo que impactó en la proa, y si bien estuvo atrapado un tiempo sin poder salir de ese lugar, finalmente logró dirigirse a su puesto de abandono para cumplir su deber y hacerse cargo de su balsa salvavidas. Las circunstancias lo ubicaron en una balsa dañada y con escasos ocupantes, que sufrieron intensamente los embates del mar.

Luchó contra la tempestad y el frío extremo, manteniendo a fuerza de coraje y con gran dificultad, su balsa parcialmente inflada. Aún así, las largas horas de exposición al frío se fueron cobrando las vidas de estos hombres, uno a uno. Finalmente, cuando el Transporte Polar A.R.A. “BAHÍA PARAISO” logra rescatarlos, más de 48 horas después del hundimiento, ya era tarde para los integrantes de esa balsa. Gerardo había luchado hasta el final, expuesto a la intemperie y blandiendo una linterna que señalaba su posición en el mar para facilitar la búsqueda. 323 tripulantes perdieron la vida durante esas jornadas, tres de ellos eran nuestros compañeros de promoción. Juan José Aguirre, Emilio Carlos Torlaschi y Gerardo Esteban Sevilla.

Finalmente fue recuperado su cuerpo y sepultado en el Panteón Naval de la Chacarita, dónde lo acompañan desde hace pocos años los restos de su querida madre.

Se cumplieron 40 años de su ingreso a la Escuela Naval Militar y 35 años de su paso a la inmortalidad. Con esta placa que descubrimos hoy, sus compañeros de la promoción CX, queremos dejar un testimonio imborrable de su existencia terrenal y de su influencia positiva a lo largo de nuestras vidas.

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