Inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires

Este viernes 15 de septiembre a las 20 horas, en la Biblioteca Popular Cornelio Saavedra, ubicada en García del Río 2737, con entrada libre  y gratuita, el Lic Antonio Brailovsky,  autor del libro “Buenos Aires ciudad inundable”, dará una charla sobre “inundaciones en la Ciudad de Buenos Aires”.

En su libro, Antonio Elio Brailovsky, estudia el progresivo avance de la urbanización sobre las zonas inundables en la Ciudad de Buenos Aires y su Área Metropolitana y corrobora una hipótesis contundente: los desastres naturales no existen; la inundación de Buenos Aires no es obra de la fatalidad; para lograr que se inundara fue necesario un proceso de lenta construcción social.

El autor ilustra sus argumentos con una magnífica selección de dibujos, gráficos, fotografías históricas, planos y mapas. Mientras los cronistas y cartógrafos de la época fundacional registran en sus apuntes y bocetos los elementos relevantes del sitio natural donde se ha levantado la ciudad, los planos y mapas posteriores olvidarán progresivamente representar los condicionantes naturales. Las Leyes de Indias y después el sentido común prohibieron edificar en los terrenos bajos. Pero las sucesivas fases de desarrollo económico y social del país, el desmedido lucro inmobiliario, la soberbia tecnológica, la irresponsabilidad o la corrupción política irán permitiendo y fomentando la urbanización de los valles de inundación del Maldonado, el Vega, el Cildáñez, el Medrano y el Riachuelo.

Los arroyos siempre desbordaron, hay crónicas de desbordes del Maldonado, del Vega y del Medrano, desde principios del siglo XX, lo que pasó es que apenas comenzó la industrialización, los arroyos se empezaron a usar como desagues cloacales e industriales, entonces el tener delante de la gente un curso con olor a podrido y con agua negra, generó mucho rechazo. Los vecinos pidieron que se hiciera algo, y lo que se hizo fue taparlos, valorizando así la zona, porque una cosa es tener delante una avenida como la Juan B. Justo, y otra es tener una porquería cloacal. Se valorizó la zona, al precio de que un arroyo entubado escurre más lentamente porque tiene obstáculos, las paredes, el techo, las columnas, todo esto hace que el agua se vaya más lento y en una inundación se comporte peor que un arroyo a cielo abierto.

¿Es racional esta operación: “Primero se mete a la gente a vivir adentro del río y después se busca cómo sacar el río de allí, mediante obras públicas costosas y de resultados inciertos”? Pese a todo, Brailovsky no cree en fatalidades eternas: “Sólo la participación ciudadana puede orientar maneras diferentes de pensar la relación de nuestra cultura con la naturaleza”.

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