“A mi viejo le gustaría que no lo olviden”

Fue uno de los más grandes futbolistas de la historia sudamericana. Un wing memorable de una capacidad de improvisación, creatividad individual y engaño; sobresaliente.  Fuera de la cancha, un personaje único y entrañable. Con el mismo desenfado con el que vivía, también jugaba. Un tipo sencillo que llevaba con mucho orgullo la villa a flor de piel. Integro en sus valores, amigo de sus amigos. El barrio de Belgrano era su mundo y Excursionistas su casa. Amante de Huracán. Nunca perdió la esencia y los orígenes, jamás negó una foto. Aunque ya no esté entre nosotros, René Osvaldo Houseman será por siempre una leyenda y mito. Nada mejor que recordarlo con la palabra de su hijo Diego.  

Por Damián Giovino

René la vivió siempre a su manera, fiel a su estilo. Nunca se caracterizó por ser ordenado en sus finanzas, ahorrar o invertir el mucho dinero, para la época, que el fútbol le brindaba a semejante crack. Puede que el término sea “la mal gastó toda”, pero no sería justo. Porque si así él fue feliz y pleno, no hay nada que discutir. Quizá sí el no haberle dejado una base más sólida y de mayor calidad a su familia, o el no haber proyectado una vida para su post retiro. Pero sus hijos y su esposa nunca se lo recriminaron. Se sabe que no le sobraba nada en el día a día durante sus últimos años, que vivía con lo justo, que quizá pedía un mango para una nota; pero jamás perdió la dignidad y los valores. Así lo hizo expreso Diego, hijo del astro, en una carta pública que escribió junto a su hermana Jésica: “Para algunos que creen que murió en la ruina, les decimos que no saben nada. Son ellos los que carecen de lo que a vos te sobraba: una familia, amor y cariño. Ojalá la vida les dé una pizca de lo que a vos te dio. Ellos son ricos de billetes y pobres de alma. Nunca entendieron nada”.  

Tu viejo se fue de este mundo corto de bienes materiales pero muy rico en el amor, reconocimiento y respeto de la gente… 

-Sí. Mucha gente que no lo conocía hablaba por hablar. Que a veces mangueaba un par de pesos, seguramente. Pero de ahí a decir que era un indigente, que vivía en la calle, era muy exagerado, no era para nada así. El que es millonario no sé cuántos millones se puede llevar a la tumba. El amor que recibí en estos días fue mucho. Ir con mi viejo a la cancha y ver el cariño que le profesaban, no me lo saca nadie y a él tampoco.  

Alguna vez Ángel Cappa comentó: “yo no sé cuántos goles hizo Houseman y cuántas veces salió campeón, pero sí recuerdo jugadas de él que todavía las tengo en el alma”.  

René tiene mucho menos palmarés que otros jugadores, pero él logró algo que sólo logran los elegidos: convertirse en una leyenda del fútbol… 

-Sería muy básico si todo se manejase así, en relación a cuánta plata tenés, cuántos títulos ganaste, cuántos goles hiciste. Y sólo por eso servís o no. El fútbol es muy pasional y trascienden un montón de otras cosas además de eso. René trascendió eras, clubes y generaciones. La prioridad de la familia en el velatorio era que sea sin banderas. Sé que él lo hubiese querido así. Nunca lo vi negar una foto, un autógrafo, nunca lo vi esconderse de la gente. Me tomaba con él el 118 en Barrancas de Belgrano para ir a ver a Huracán. Apenas bajábamos la gente ya lo empezaba a saludar, a interceptar, pedía fotos. Yo me iba a sentar a mi asiento en la platea y él se quedaba afuera con la gente. Siempre tenía tiempo para la gente.  

Más allá de los clubes en que jugó, René es un patrimonio del fútbol argentino…  

-Sí, mi viejo trascendió camisetas y barreras, traspasando el ambiente del fútbol. Es mucho amor el que recibimos de la gente. Nos sentimos orgullosos de la devolución de la gente más allá de qué equipo sea hincha.  

En los tiempos en los que corren de tanto capitalismo, marketing, exposición; hay muchos “ídolos de mentira” que juegan cinco partidos en primera y se sienten estrellas, que andan en camionetas últimos modelos polarizadas y conseguir una foto con ellos se vuelve un rally. René, una gloria del fútbol sudamericano y uno de los mejores futbolistas de la historia, se tomaba un bondi y se manejaba como uno más, siempre debiéndose al pueblo, con predisposición, paciencia y educación. Un tipo de códigos y humildad.  

Tu viejo era único y diferente…  

-No tengo dudas. A él le gustaba ser así. Era su esencia y lo definía como persona. Eso lo retroalimentaba. Le encantaba ir a la cancha a ver a Huracán pegado al alambrado. Excursio era su casa.  

René siempre volvió a las raíces, aun estando en la élite del fútbol. Él se sentía un “villero” de ley y orgulloso de eso. Estando en la Selección se iba a ver y a jugar los torneos de fútbol de la villa y alguna vez Menotti lo tuvo que ir a buscar ahí. Un tipo desprendido de lo material, para René la vida pasaba por otro lado.  

-Da la sensación que nunca le importó tener mucha plata y vivir “bien”… 

-Sí, era así. Claramente tampoco era un CEO de una multinacional. A nosotros nunca nos hizo pasar penurias. En eso tiene que ver mucho mi vieja que cuando papá se retiró, ella empezó a trabajar y bancaba la casa. Por uno o por otro, nunca la pasamos mal. Él con poco era feliz. Con un paquete de cigarrillos, los diarios de la mañana, comida y una cama; estaba bien. Le importaba que su familia y sus amigos estén bien. “¿Para qué quiero más guita?” Decía. Nunca le reclamé nada. Él quería disfrutar la vida. En su época no se ganaba tanto dinero en el fútbol.  

Por más que lo aconsejasen en algunos temas, parecía imposible que cambiara su manera de vivir… 

-Es así. Osvaldo Ardiles me contó una anécdota que lo pinta de cuerpo entero a mi viejo. Me dijo que una vez estaban en una gira con Huracán y el profe Pizzarotti lo aconsejaba bien, le decía que ahorre, que invierta. Le decían que no mal gaste la plata. René les dijo: “listo, a partir de ahora no mal gasto más mi plata”. Al otro día en el desayuno empezó a pedirles a todos los del plantel cien dólares, y todos le daban. Fue y se compró un reloj de oro con diamantes y no sé qué carajo. Vuelve, lo encara a Pizzarotti, le muestra el reloj y le dice: “ya no mal gasto más mi plata, ahora mal gasto la de todos”. Eso resume que nunca iba a cambiar la picardía que tenía y sus salidas irreverentes ante todo. Él jugaba como vivía. Tenía mucha frescura. Nunca perdió el humor ni en sus últimos meses de vida.  

-Tenía un amor muy grande por Excursionistas y por el barrio de Belgrano…  

-Sí, desde que se fue de la villa vivió toda su vida en Belgrano. Primero vivió en Monroe al 800 y después nos mudamos a Echeverría y Libertador. Iba a los bares de la zona, a la heladería, al kiosco de la esquina. Tenía sus paradas fijas. En tres, cuatro cuadras pasaba su vida. Iba mucho a Excursio, era su casa, ahí estaban sus amigos. El barrio para él era sagrado. Lo invitaban de todos lados, a los mejores hoteles, pero sólo iba unos días porque quería volver rápido. No lo podían hacer salir de su barrio. Belgrano cambió mucho con los años y René decía que lo único que no había cambiado era Excursio y él.  

-¿Tu viejo se daba cuenta lo que significaba René Houseman para la historia? 

-Él se daba cuenta que había dejado una marca pero nunca dejó de ser alguien común, con sus falencias y sus virtudes. Tenía mucha inocencia y frescura para no perder la esencia jamás.  

-¿Qué crees que a tu viejo le gustaría decirle a la gente que mostró tanto amor y respeto en su fallecimiento?  

-Se mostraría sorprendido y agradecido. Seguramente lloraría aunque no era de lágrima fácil al menos en público. Se hubiera emocionado al saber que era un jugador del pueblo. A él le gustaría que no lo olviden. La muerte se da cuando a uno lo empiezan a olvidar. Rene no quisiera que eso pase. Le pondría mucho énfasis para que no lo olviden, que su recuerdo perdure.

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1 thought on ““A mi viejo le gustaría que no lo olviden”

  1. Diego, jamás será olvidado un crack, un ídolo y menos un ser tan noble bueno y sencillo como René. Está en el corazón de cada uno que lo conoció. Un abrazo al cielo

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