Este martes 22 de Mayo alrededor de las 13 horas, se produjo un derrumbe en una obra en construcción ubicada en Monroe al 2300 a pasos de Av. Cabildo.

Aparentemente se desmoronó una losa sobre 4 obreros que tuvieron que ser trasladados al Hospital Pirovano. Tres de ellos de aproximadamente 35 años, sufrieron politraumatismos varios, mientras que otro de 33, presentaba un traumatismo de hombro.

Bomberos y equipos de emergencias de CABA trabajaron en el lugar. Personal del SAME informó que pudieron acceder para sacar a los 4 heridos sin inconvenientes, debido a que no quedaron atrapados.

Ni bien transmitimos la noticia a través de las redes sociales de Mi Belgrano, varios vecinos nos manifestaron su preocupación: ¡Qué desgracia! ¡Qué estén todos! Algunos se quejaron por la falta de controles, “mucha obra y poca inspección”, dijo un señor enojado por la situación. Claudia comentó que las obras en Belgrano perjudican a los consumos de luz, agua, gas que deben pagar todos en exceso. A su vez dijo que cuando consultó sobre este tema al jefe de Gobierno porteño en una reunión, Larreta cambió de tema y dos chicos de la Comuna la “invitaron a retirarse”.

Historias de derrumbes

Varios derrumbes se produjeron en la zona en los últimos años, recordamos a continuación algunos de ellos.

En diciembre del año 2013, cayó el soporte del cartel de la galería Río de Janeiro ubicada en Av. Cabildo entre Olazábal y Mendoza. Fue una desgracia con suerte, ya que el hecho sucedió a las 23 horas, de haber ocurrido por la tarde, cuando pasa por allí gran cantidad de gente, podría haber ocurrido una tragedia.

En diciembre de 2016, se cayó el techo en una de las aulas de la Escuela Casto Munita, ubicada en Cuba entre Juramento y Echeverría. Al producirse el hecho durante un fin de semana, no hubo heridos, si hubieran estado los chicos en clases podría haber sido una catástrofe.

En mayo de 2017, debido a un fuerte temporal, se derrumbó en una madrugada, una construcción en Arribeños al 3100, en la intersección con Campos Salles. Dado que se trataba de un edificio en construcción, no había gente en el lugar por lo que nadie resultó herido en el incidente.

Edificios que se caen

Por Antonio Elio Brailovsky

En 1963 Francesco Rossi estrena una película llamada Le mani sulla cittá, conocida en algunos sitios como Saqueo a la Ciudad, protagonizada por Rod Steiger. Ambientada en Nápoles, cuenta la historia de un concejal corrupto que hace oscuros negocios con la especulación inmobiliaria. En el apuro por concretar una obra, no toman las precauciones necesarias y provocan el derrumbe de un edificio. Entre las víctimas, hay un niño al que deben amputarle una pierna. Sin embargo, el sistema político protege al concejal-empresario de la condena que merecía.

En numerosas oportunidades hemos visto la reiteración de la misma escena. En Buenos Aires, en La Plata, en otras grandes ciudades, ante cada tormenta significativa, se caen edificios linderos a obras nuevas, sin que nadie asuma la responsabilidad de prevenir esos hechos. En zonas de fuerte ascenso de napas, el agua subterránea destruye la tierra sobre la que se apoyan los cimientos y los edificios quedan apoyados sólo por las medianeras. Al demoler uno de ellos para levantar una obra nueva y apuntalar los restantes en forma incompleta, se producen los derrumbes.

Hay, por supuesto, una obvia ausencia del Estado. En Argentina, el profesional que construye debe firmar un contrato por el que se hace responsable de que no haya problemas. El Estado no interviene para evitar un desastre. Sólo aparece después, si el desastre se produce o si hay alguna denuncia. Y aún en esos casos, su actuación deja mucho que desear.

Para dar un sólo ejemplo, una de las grandes torres emblemáticas que se construyeron en los últimos años tiene más pisos de los que el Código permite. Se trataba, apenas, de enviar un inspector que contara con el dedo: 1, 2, 3, etc y comparara el resultado con la cifra que tenía en la planilla, y ni siquiera pudo realizar una tarea de esa complejidad.

Ni hablar de la calidad y cantidad de los materiales utilizados, los criterios de diseño, las precauciones a tomar si se construye en zona inundable o la protección de los edificios vecinos.

El 12 de octubre de 2013, en la ciudad colombiana de Medellín, se derrumbó un lujoso edificio de 24 pisos, a punto de terminarse. Murieron cuatro personas y hubo gran cantidad de heridos. El derrumbe se dio en el marco de un proceso de privatización de funciones del Estado, por el cual se le dio el control de las obras a profesionales privados, llamados curadores. Muchos curadores terminaron vendiendo los permisos de construcción, en vez de controlar las obras. El escándalo consiguiente llevó a que el gobierno prepare un proyecto de ley con controles más estrictos, donde profesionales independientes deberán informar a las autoridades sobre los planos, estado de ejecución de la obra, calidad de materiales, riesgos potenciales, etc. Vean que el sistema prohíbe que el constructor se controle a sí mismo (“sistema de yo con yo”), como ocurre en Argentina. Por supuesto, podemos coincidir o discrepar con los criterios que allí se enuncian y preferir un control más centralizado.

Pero lo que me parece importante es señalar que el Estado debe tener una responsabilidad en prevenir los riesgos cuando se hace un edificio, y no solamente constatar que se vino abajo cuando el desastre ya ocurrió.

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