Un comentario en «Edición de Agosto del diario Mi Belgrano»
  1. Cuando la ciclovía llegó a Belgrano, respiré aliviada. Supuse que aquellos vecinos de Belgrano que andaban sobre la vereda intentando evitar el empedrado tendrían finalmente un lugar por donde circular. Lamentablemente, como es común en el barrio, he visto como se multiplican la cantidad de bicicletas y al mismo tiempo, la cantidad de ciclistas que andan en las veredas, haciendo caso omiso del peatón y de la misma ciclovía.

    El domingo por la mañana salí de una confitería en Conde y Echeverría y caminé por la plaza Castelli, del lado de Echeverria; me pasaron dos ciclistas pedaleando por la vereda. Una cuadra después, Echeverría y Zapiola, venía un ciclista contramano por la vereda. ¡En la cuadra en la que ya está habilitada la ciclovía!. Doblé a la derecha, crucé Sucre y cuando quise cruzar Crámer, venía otra bicicleta hacia mí, por la senda peatonal, cruzando la calle para subir a la vereda. Crucé Cramer, doblé a la derecha en dirección a La Pampa y dos ciclistas más pasaron pedaleando sobre la vereda. No estoy exagerando. Y agrego, era toda gente grande, ningún menor, y todos sin el casco ni las luces reglamentarias.

    Da la impresión que este tema de las bicicletas y las ciclovías en Belgrano es más dañino que beneficioso. Hay circunstancias en las que uno se da cuenta de que Belgrano es tierra de nadie. No es ni siquiera de los vecinos, que deberían respetar a sus vecinos. Todos están de visita.

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