Juan Gargiulo, un vecino de la zona que falleció hace un tiempo, en el año 2013 nos contaba sobre la complicada relación entre el estadio monumental y el barrio aledaño.

Como viejo vecino, fui testigo de la colocación de la piedra fundamental. Asistí a su inauguración. Solamente había dos tribunas. Luego se construyó la tercera sobre Figueroa Alcorta y se lo llamó “La herradura monumental”.

La creación del estadio y la presencia de todo un club de avanzada en aquella época produjo una transformación sustancial en la vida de la gente y del vecindario. El Bajo Belgrano era un barrio modesto, fabril, casi sin urbanización, con muchas caballerizas. La quema de basura fue obrando como relleno sobre un suelo bajo tachonado de quintas verduleras. El Barrio Parque General Belgrano (no Barrio River como suelen llamarlo), era un espacio ocupado por el viejo hipódromo. El club llegó y aportó la actividad futbolera y deportiva en general con múltiples disciplinas y construcciones modernas e impecables. Con el tiempo a la vida social se sumaron estupendos bailes populares, en particular los de carnaval.

Con el transcurso de los años se agregó la creación del colegio, verdadero ejemplo y modelo. La presencia del club, su influencia, fue acompañada por toda una transformación edilicia y urbanística en la zona como la construcción y traslado del Tiro Federal Argentino y la remodelación de Blandengues, hoy Av. Del Libertador, para dar unos pocos ejemplos. Se desprende que el club no solo marcó una época sino que se convirtió en el núcleo fundamental de nuestra vida vecinal.

La convivencia se hizo difícil porque la actividad futbolística viene acompañada por la violencia expresada en las actitudes de las hinchadas, las barras bravas y las bandas de ladrones. A ello se han sumado la realización de recitales cuyas consecuencias motivaron protestas de todo tipo por parte de los vecinos damnificados no solo por las dificultades para acceder a sus domicilios y estacionar sus automóviles sino por las consecuencias provocadas por los excesos de decibeles y las vibraciones que producen rajaduras en las casas. Y no está de más mencionar aquella invasión depredadora de concurrentes usando jardines como baños y ensuciando sin miramientos, además de los inconcebibles e inaceptables problemas de tránsito generados.

El Club Atlético River Plate le ha impreso al barrio un sello positivo en cuanto a su presencia, transformación, beneficios deportivos, culturales y económicos, pero a su vez le generó algunos problemas como la inseguridad, depredación, caos de tránsito y otros.

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