Despertó una mañana de un sueño profundo que duró varios meses. Sus ojos volvieron a ver la luz después de un tiempo. El llamativo silencio reavivó su curiosidad. Se incorporó, se acercó a la ventana y no vio nada que se moviera. Se vistió rápidamente y caminó hacia la Av. Crámer. Se sorprendió cuando pasó un señor con la boca tapada. Los deliverys eran los dueños de las calles.

En la Avenida Cabildo pasó como un rayo un colectivo casi vacío, de la línea 59, en un horario en el que solía pasar repleto. No se escuchaba música angelical en la Parroquia de la Santísima Trinidad. Los bares rebalsaban de soledad. En la escuela Manuel García no había chicos y en la Plaza Balcarce, los juegos esperaban ansiosos por algún niño que los quisiera usar. Había filas en las puertas de los negocios con una extensa y extraña separación entre las personas. Por las veredas, caminaban unos esquivando a otros, como si una peste los espantara.

Al llegar a la Estación Núñez, la oscuridad le recordó todas aquellas denuncias de antaño reclamando por luces y cámaras que no funcionaban. En Libertador se escuchaban los sonidos del silencio en un imaginario recital inexistente en el Estadio Obras. Los clubes estaban llenos de espacios vacíos.

Volvió a su casa entre asustado y temeroso. Se acostó pensando que nunca había despertado. Creyó que era un sueño fantástico que relataba una realidad nunca vista o más bien una pesadilla impensada. Apoyó su cabeza en la almohada y se sumergió en un sueño profundo con la ilusión de despertar habiendo recuperado aquel dorado tiempo pasado.

COMENTARIOS

Marizu: Quiero felicitarlos por el recorrido por el barrio de Núñez, daba la sensación de estar haciéndolo. Muy real, muy bien escrito, muchas gracias.

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