No cabe duda que el Bajo Belgrano, a pesar de las excepciones en cuanto a edificación y habilitaciones de usos fuera de norma, es una de las zonas más residenciales de la ciudad y altamente considerada por sus excelentes vías de comunicación. Tiene la cercanía de parques y el Lago de Regatas, la proximidad del Aeroparque, el estadio Monumental y los numerosos clubes que lo circundan, los establecimientos de enseñanza de todos los niveles, desde Jardín de Infantes, Universidades (UBA y Di Tella) y Cursos de Posgrado en distintas especialidades médicas y de salud dictadas en el IREP y el INCUCAI. Esta área de tierras ganadas al río que 100 años atrás era una zona de boxes y orilleros se convirtió en el barrio más residencial de la muy demandada zona norte de la ciudad a partir de la creación de las Áreas Especiales Individualizadas hace ya varios años por las autoridades municipales y que para el Bajo Belgrano se denominaron U23.

El U23 a grandes rasgos limita el área comprendida entre La Pampa, Av. Figueroa Alcorta, Av. Udaondo y Av. Del Libertador hasta la Av. Monroe y luego Migueletes hasta La Pampa ya que se ha incluido como sub zona 10. Hay otras sub zonas en el área que corresponden a predios específicos como los colegios, embajadas, y torres. Estas sub zonas posibilitan una adecuada mixtura entre la zona netamente unifamiliar (una casa de familia por predio) y las dedicadas a otros usos. La individualización indicada dio origen a un Barrio Residencial hoy altamente consolidado que se caracteriza especialmente por las restricciones establecidas en la Z1 donde solo se admiten construcciones con destino al uso de “residencia individual, vivienda unifamiliar, casa de familia”.

En la Z1 del barrio los vecinos nos hemos enterado que la construcción ubicada en Echeverría 1166 (3.100 m2 de superficie del lote y 4.500 m2 de superficie cubierta comprendida en 2 subsuelos, Pb y 1º y 2º piso) con un uso autorizado destinado a templo de la comunidad hebrea había cambiado los planos y pretende hacer funcionar en el mismo una Escuela Secundaria Privada. Este nuevo uso desconoce acuerdos preexistentes entre los promotores del mencionado emprendimiento y los vecinos, evidenciado en los planos presentados ante los organismos de la Ciudad en el año 2012, en los que se respetaban las normas vigentes respecto a morfología y usos en dicho momento para la Zona 1 del U23 y que a la fecha, con el dictado del nuevo Código aún persisten. Una vez prácticamente terminada la construcción, con modificaciones de planos que desconocemos y nunca se nos han notificado, los promotores han solicitado reemplazar el estacionamiento subterráneo oportunamente comprometido con los vecinos por espacios también subterráneos destinados a una Escuela Secundaria de Gestión Privada, uso totalmente prohibido para la Zona 1 del la urbanización U23 según el Nuevo Código Urbanístico y las normas anteriores a su dictado.

Las mencionadas autorizaciones han sido otorgadas mediante resoluciones de fecha 27 de Marzo de 2020 por el COPUA y la DGIUR durante el período de cuarentena obligatoria en el cual todos los plazos administrativos están suspendidos por ley del Gobierno Nacional, con imposibilidad de acceso a la información por parte de los vecinos y en total contradicción con las disposiciones vigentes, afectando gravemente el patrimonio de los mismos en una zona residencial exclusiva altamente consolidada, deteriorando su calidad de vida y afectando en forma importante el carácter residencial del área, la circulación vial, peatonal y el estacionamiento causando un considerable perjuicio barrial.

Es por lo expuesto que solicitamos la total nulidad de lo actuado recurriendo a tal fin a las leyes y normas que rigen en la Ciudad para proteger el legítimo derecho de quienes la habitamos. Las ONG barriales de Belgrano y 135 vecinos autoconvocados estamos decididos a denunciar este nuevo atropello que se suma a lo acontecido con el Monroe Park en Monroe al 1100 donde se construyó una vivienda multifamiliar totalmente fuera de las normativas de la Z1, las torres de Forum Alcorta, la amenaza de trasladar el IREP y vender la manzana para construir torres, la nueva autorización otorgada en la manzana de La Pampa, Figueroa Alcorta, Sucre y Castañeda que aumenta la altura en 8 ½ mts. por sobre los 20 ms. autorizados en el Código Nuevo, las autorizaciones otorgadas a un taller en la calle Sucre y a una concesionaria en Echeverría al 1000, la segregación del U23 de la manzana irregular comprendida entre las calles Monroe, Ernesto Bavio, Leopoldo Basavilbaso, Figueroa Alcorta y Ramsay, la aplicación del “deslinde” entre sub zonas donde se han modificado los usos sin anuencia de los vecinos y tantos otros eventos similares han puesto en alerta y movilización a quienes allí viven y no quieren perder sus derechos a mantener una adecuada calidad de vida, ni ver caer el valor patrimonial de sus propiedades.

Elisa Lopez – Héctor Ponce de León

OPINIÓN DE LOS VECINOS

  • CÉSAR: La aplicación del concepto de deslinde para admitir un uso prohibido en un terreno frentista de la calle Sucre a una actividad que se concreta en la calle Echeverría es bastante forzada más aún contrariando el deseo de los vecinos. El problema del tránsito y estacionamiento ya es grave por la cantidad de edificios de oficinas permitidos sobre la Av. Del Libertador que invaden el barrio residencial. Desechar los lugares del estacionamiento del plano original ha sido un tremendo error. El barrio sufre un considerable incremento en su habitabilidad y se va a ver muy agravado por las construcciones que proyectan en la manzana de Selquet donde nadie cree que la excepción otorgada dándole más altura haya sido hecha por razones urbanísticas o por una feliz coincidencia. El objetivo del nuevo Código no ha sido beneficiar a los vecinos sino posibilitar un demencial aumento de los habitantes de la ciudad. La actual pandemia ha demostrado las nefastas consecuencias del hacinamiento en todas las grandes ciudades del mundo. La actual gestión no explica cómo va a aumentar los espacios verdes si en los terrenos que vende permite torres que superan por mucho los 12 pisos que como máximo establece el código.
  • MARTA: Luego de más de un año de análisis se sancionó el mejor Código Urbanístico. Me tocó tener que dejar mi casa porque quedaba justo fuera de la Z1 del U23 y me iban a hacer un edificio al lado. Me mudé y a los pocos meses me enteré que haciendo una excepción y aplicando forzadamente el concepto de deslinde se permitía el cambio de uso del único espacio libre que no es vivienda unifamiliar en la manzana para convertir parte del predio en una Escuela Secundaria. Se lo que es tener un Colegio en la misma manzana, lo he sufrido. Gritos, autos buscando estacionamiento, fiestas, despedidas y arribos de viajes, etc.
  • LILIANA: Desde hace tiempo las autoridades del Gobierno Porteño, imponiendo excepciones, desconocen que somos los vecinos quienes tenemos derecho a elegir como queremos que sea la impronta y característica de nuestro barrio. Solo en mi manzana y aledaños debemos sufrir un garaje fuera de norma al que logramos impedir la construcción de un segundo piso, las oficinas del ex edificio de la Univ. Di Tella destinadas a oficina donde se construyó otro piso en su terraza, la habilitación de pequeños negocios barriales, etc. También se pretendió realizar un estacionamiento sobre Mendoza entre Miñones y Juramento proyecto que el reclamo vecinal logró frenar.
  • ELISA: Genera una profunda indignación que se haya otorgado una autorizacion para el funcionamiento de un colegio secundario en una zona en la que taxativamente el código urbanístico indica que NO pueden funcionar establecimientos de enseñanza media. El organismo interviniente tiene pleno conocimiento de la opinión en contrario de las Asociaciones Barriales. Llama la atención que estas autorizaciones se hagan sin estudios de impacto ambiental y sin explicaciones suficientes que justifiquen el incumplimiento de la norma. Genera también angustia y desazón, tomar conocimiento que “los vecinos” debemos resignarnos a estos atropellos, y renunciar a principios esenciales como son el apego a las leyes, la transparencia, la vocación de servicio a la comunidad de los funcionarios y la justicia. Todos sentimos en el fondo, que esta es una batalla perdida. Todo parece indicar, que la única pretensión es aumentar la capacidad constructiva de la ciudad y que en vez de desconcentrar y planear el adecuado desarrollo urbano se intente superpoblar los barrios, convirtiéndolos en lugares de altísima concentración y tránsito.

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