El confinamiento agudizó muchos problemas de salud mental. El ejemplo más paradigmático es el trastorno de ansiedad.

La sensación durante la pandemia, y me atrevo a decir que más que una sensación se trató de una amenaza real, amplificada y/o distorsionada a veces por los medios, fue que la vida cotidiana en sus manifestaciones más básicas se estaba saliendo de su cauce. Nos acercábamos al peligroso borde de lo normal, de lo conocido, donde se acaba perdiendo el control y todo se va al diablo. Y es justamente la pérdida del control y del orden lo que dispara la ansiedad, sobre todo en aquellas personas que tienen poca tolerancia a la incertidumbre.

Se trata de una reacción normal al estrés, y se acompaña de liberación de hormonas que nos preparan para una “lucha inminente”.

Eso no quiere decir que todos los que están ansiosos (con causa en este caso) sean verdaderos trastornos de ansiedad. Pero transitoriamente se comportarán como tales, sufriendo los mismos síntomas. La sensación inminente de que algo malo va a suceder pone al organismo en situación de alerta; pierde el apetito o bien come compulsivamente; su corazón palpita más rápido y golpetea en el pecho; una inquietud hormigueante le impide quedarse quieto o bien se petrifica, paralizado…; una sensación de ahogo, o incluso de claustrofobia, lo invita a encontrar una salida rápida y huir… Este estado de inquietud permanente acaba por agotar al cuerpo, si es que no precipita otros problemas, como infartos, picos hipertensivos, e incluso depresión en el mediano plazo.

La exposición al bombardeo de los medios de comunicación y la hiperconectividad con otros ansiosos agrava el cuadro, por lo cual la primera medida debería ser controlar dicha exposición. La segunda medida importante es el control inmediato- mediante respiración profunda, pero la más de las veces farmacológico- de la sintomatología, para evitar males mayores.

Por último, la distracción y el contacto – nutricio y tranquilizador- con otras personas es importante para disminuir la ansiedad. Por desgracia, como la ansiedad también es contagiosa, al ansioso no le resulta fácil encontrar interlocutores pues todos huyen de él. En psicoterapia, el trabajo consiste básicamente en incrementar la capacidad del ansioso para tolerar la incertidumbre.

Dr. Sergio Ravizza: 11-2273-6815
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