Con motivo de celebrarse hoy el día de la mujer, repasamos algunas reflexiones y recuerdos de antiguas vecinas del barrio de Belgrano.

En el año 2016 con tan solo 95 años, Mercedes Josefa Forn de Altarriba decía: “Vivo desde los 5 años en el barrio cuando Belgrano todavía no pertenecía a la ciudad, era campo. Enfrente de mi casa estaba la fábrica Campomar que ocupaba toda la manzana de Blanco Encalada y Blandengues (hoy Av. Del Libertador) que en ese entonces era una calle angosta. Cuando tenía 7 años, mi papá compró un terreno en Arribeños y Nahuel Huapí (ahora Manuel Ugarte). Siempre sentí que esa era mi casa. Cuando fui a vivir ahí, lo único que estaba terminado era el negocio en la esquina donde vendíamos vinos en damajuanas, luego teníamos dos piezas, y una que iba a ser en el futuro una sala. En esa época jugaba en la vereda a saltar la soga y al huevo podrido. Enfrente de mi casa estaba la Sociedad Italiana, allí se hacía teatro, y era el único lugar donde me dejaban ir a bailar. A un costado, había una cancha de bochas”.

Graciela Fernández Meijide cumplió 90 años el pasado 27 de febrero de 2021. Vive en Belgrano, hace más de 40 años. En noviembre del año 2016 nos contaba: “Siempre se dijo con ironía que Belgrano era una república, pero hoy en día, y aunque se lo siga diciendo en broma, terminó convirtiéndose en un barrio que tiene prácticamente todo. Ahora quedan muy pocas casa bajas, pero no se puede dejar de festejar la modernidad, la construcción de los grandes edificios suponen vitalidad, gente que trabaja, es un avance y no un retroceso. Antes de vivir acá, venía a comer a un restaurante de comida oriental que estaba en la esquina de Mendoza y Arribeños, era la única casa del estilo, después no había nada más. Es impresionante cómo creció el Barrio Chino”.

En el año 2017, con motivo de celebrarse un nuevo aniversario del barrio, Beatriz Di Paola recordaba lo siguiente: “Mis padres llegaron al barrio de Belgrano en el año 1942, por lo que desde mi infancia vengo transitando sus calles. ¡Tantos recuerdos de ese ayer que han permitido este Belgrano de hoy! Casas bajas, muchas con jardines, calles empedradas pobladas de árboles frondosos, y aromas de flores. Los chicos jugábamos en las veredas sin peligro. Los tranvías, más tarde el trolebús, la garita redonda y blanca del policía dirigiendo el tránsito. El mercado de Juramento que funcionaba a cielo abierto en la calle con sus puestos de tolditos de lona blanca, el carrito a caballo del lechero que recorría las calles parando en las casas para bajar, los grandes tachos de los que servían con un jarro la leche en las ollas. Luego aparecieron las botellas de vidrio grueso verde que dejaban en los umbrales en cantidad, de acuerdo al pedido de la vez anterior, retirando las botellas vacías que la gente devolvía, los almacenes del barrio donde se anotaba la compra y la deuda en una libreta de tapas de hule negro. En medio de esta nube de recuerdos alcanzo a ver los carros grises de la basura tirados por un par de percherones blancos con el típico ruido de sus herraduras sobre el adoquinado, los vecinos en los mismos tachos de metal donde tiraban los residuos en las casas envueltos en diarios, los dejaban con sus tapas en la vereda aguardando el paso de estos servidores públicos, como cuando pasaban los grandes coches fúnebres y sus conductores vistiendo de un negro rabioso con grandes galeras de copa y guantes negros”.

2 comentarios en «Mujeres de Belgrano»
  1. Testimonios más que significativos. Recuerdo unas señoras mayores muy interesantes de la Sociedad de Fomento de Belgrano R. Ellas tenían una carpeta con los edificios y casonas a preservar para mantener la identidad del barrio. Esto fue en los primeros momentos de que comenzara a funcionar el CCC13. ¿Qué será de ellas y los materiales con que nos ilustraban sobre nuestra Comuna?

  2. Cuando nos casamos, nos mudamos desde Caballito a Belgrano R, estando embarazada de mi primer hija, Victoria (1977). Luego a los 2 años llegó Federico (1979) y en el 81 llegó Sebastián, y en 1978 inauguramos nuestro local (perfumeria Rulo’s) en Juramento entre Amenábar y Moldes. Han crecido mis hijos en este barrio donde permanecen recuerdos inolvidables y el crecimiento de todos, en ese entonces había muchos caserones de tejas, que con el tiempo fueron reemplazados por edificios, perdiendo el encanto de Belgrano. El canto de las cigarras y el tren rompían el silencio de la tranquila vecindad. Con todo su encanto, bella por dónde se la mire, las arboledas, el aroma de azahares, mucho sol y el placer de caminar sus calles y plazas frente a la estación en Echeverría y Juramento o en el mercado y su plaza o las del colegio francés Jean Mermoz, dónde iban mis hijos. Un mundo aparte con encanto y tranquilidad y de todo a mano para salir y llegar a cualquier punto de la ciudad recorriendo los bosques de Palermo, ¿Qué más se puede pedir? Es un barrio excepcional. Luego nos mudamos al barrio parque Gral Belgrano, mal llamado River, otra maravilla de zona dentro de Belgrano, casa bajas mucho sol y un silencio que irrumpen los aviones o las prácticas del Tiro Federal Argentino TFA ya en extinción a partir del 2017, por proyectos inmobiliarios y a disgusto de los vecinos. Todo cambia y el progreso mata la calidad de vida.

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