La Avenida Comodoro Rivadavia posee varios atributos: es un tramo de Núñez muy tranquilo, de poco tránsito y ruidos, donde se mezclan, armoniosamente, pintorescas casas con edificios que no atormentan la calma que prima en las cuadras que la componen. Además, posee una importante cantidad de árboles y, en un tramo, espacios verdes; dándole un halo natural entre tanto cemento de la ciudad. Quien camine por allí con atención, se encontrará con una obra que le otorga mucha más belleza a la avenida. Casi llegando a 3 de febrero, el artista Jeremías Presutti (30 años) realizó un mural imponente para la vista: se trata de un jaguar en su hábitat, rodeado de espesa vegetación. “Mi Belgrano” dialogó con el muralista, pintor y dibujante.

¿Cómo se dio la posibilidad de pintar el mural en esa pared?

– Pinto murales a pedido, pero quería hacer uno propio. Aquí mismo había un mural que hice con un amigo en 2016. Estaba buscando paredes para pintar y se me ocurrió renovar ese, que además es la pared perteneciente a la casa de un amigo. Él aceptó y comencé. Me costó sacarlo, porque estaba bueno, pero las cosas se renuevan. Así surgió la idea de esta nueva obra. Lo hice por cuenta propia, nadie me paga, todos los materiales son míos.

¿Por qué elegiste ese diseño?

– Me atrae mucho lo que son las culturas precolombinas y el jaguar está muy presente en ellas. Venía con muchas ganas de pintarlo, me gusta mucho como animal.

¿Cuándo comenzaste?

– Empecé en diciembre del año pasado. Venía en los momentos que podía. No arranqué con una idea plasmada en un papel, solo vine con la idea en la cabeza y varias imágenes. Eso me hizo perder más tiempo. Por ejemplo, al principio estuve tres días trabajando en

algo que no me gustó y lo borré. Pero como lo hago por gusto propio y no por dinero, lo hice tranquilo y lo disfruté. Mi objetivo es presentarlo para festivales.

Es algo que queda para que el vecino pueda disfrutar…

– La repercusión que genera en la gente es lo que más me gusta de pintar en la calle. Que alguien que pasa se pare, lo mire y te dé una devolución constructiva.

Antes de éste ¿de qué era el mural que habías hecho?

– Era una cabeza colosal olmeca, plantas, un nenito indígena y un jaguar (mucho más pequeño que el actual).

¿Tenés otros murales propios?

– Pinté por primera vez uno con un amigo por la estación de Núñez, era un Don Ramón medio enojado. No teníamos dinero y solo contábamos con pintura blanca y negra. Lo hicimos en una pared colorida y tapando un grafiti, algo que fue un error y nos sirvió para entender los “códigos”. A la semana nos taparon los grafiteros el mural a nosotros. Dejamos a la vista parte del grafiti, no es que lo tapamos todo, y eso es de lo peor que podés hacer. Me sirvió para aprender. Pinté bastantes por Palermo. Luego empecé a hacer muchos por encargo. Para este año tengo pensando hacer al menos cinco o seis.

¿Cómo es la búsqueda para encontrar una pared donde pintar un mural?

– Recorrer las calles, tocar timbres. Está bueno tener un boceto previo o murales ya realizados para mostrar. Después publicitar a través de las redes. A la gente le encantan los murales, pero entiendo que, si alguien va a prestar una pared de su casa, tiene que asegurarse de que se haga un diseño que le guste.

¿Qué nos podés contar de tu vida artística?

– En 2015 hice un taller con Milu Corech, una muralista argentina muy grosa, y me explotó la cabeza. Salí de ahí y dije: “quiero ser muralista”. Dibujo mucho en mi taller en mi casa, pinto cuadros, uso oleos, acuarelas. Viví ocho años en Italia, en donde ingresé en un colegio secundario con orientación a mecánica y al toque me di cuenta que no era para mí. Me pasé a un Gráfico Publicitario en donde había más relación con el arte y me gustaba, pero no sabía si tenía la vocación. Ya en Argentina me anoté en el IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte). Ahí dibujaba, pero tenía como el freno de mano puesto. Siempre tuve mucha facilidad para la práctica, pero no para la teoría y dejé la facultad. Luego empecé a hacer talleres con artistas grosos. En el IUNA, en 2014, hice una materia muy copada que se llama esmaltado sobre metal, con unos profesores muy buenos, y me gustó muchísimo. Me compré un soplete y empecé a hacer artesanías, renunciando a mi trabajo en un supermercado. Ingresé en una escuela de joyería, donde estuve un año haciendo cadenas, eslabón por eslabón.

¿Te criaste por la zona?

– Sí. Desde los 4 a los 10 años viví en Grecia, detrás de la estación de Núñez. En 2001 me fui con mi familia a Italia. Volví a los 18 al país y seguí viviendo por la zona hasta hace un tiempito que me mudé a Saavedra.

Se puede ver el arte de Jeremías a través de sus redes sociales, en Facebook: Presutti Artista Plástico y en Instagram: @Presutti.j y los que quieran ofrecerle un espacio para pintar un mural  pueden enviarle un E-mail a la siguiente dirección: jeremiaspresutti@hotmail.com

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