Era un viernes por la tarde con un clima templado, ideal para andar en bici. Según la App, había dos disponibles en la estación de Ecobici más cercana a mi casa. Me puse el casco y rápidamente me dirigí hacia allí. Al llegar a Conesa, casi esquina Monroe, pude ver a una mujer que se llevaba una, por suerte quedó la otra para mí. Verifiqué que las gomas no estuvieran pinchadas o desinfladas ya que es muy común encontrar los rodados en esas condiciones, ingresé el código y emprendí mi viaje. Esa bicicleta hacía un extraño ruido, parecía como si una orquesta desafinada me acompañara en mi andar. Tomé Roosevelt hasta Amenábar y ahí doble por la ciclovía. Entre Blanco Encalada y Olazábal había una camioneta estacionada tapando la mitad de la ciclovía. Pasé mirando de forma intimidante al conductor pero ni me registró, así como tampoco registró que estaba estacionado en un lugar prohibido. Entre Mendoza y Juramento, para variar, un camión del “supermercado que nos conoce a todos”, tapaba todo el paso. No me quedó otra que bajar de la bici, caminar un tramo por la vereda para luego volver a la ciclovía.

Miré el reloj y apuré la marcha para no exceder los 30 minutos gratuitos que ofrece la Ecobici. Me dirigí hacia la estación de Moldes al 1400. Al llegar, me encontré con muy pocos espacios libres, algo que me pareció extraño. Anclé la bici, se trabó, pero no hizo ningún ruido. Me fijé en la APP y no había quedado registrada mi devolución, entonces ahí empezó mi desesperación: ¿Y ahora qué hago? En primer lugar saqué una foto de la Bici anclada para tener la prueba de que ahí la había dejado. Luego llamé al 147, pero no funcionaba, no logré que nadie me atendiera. Entonces envié un mensaje por WhatsApp al  número de Ecobici (11-5899-0300). Aquí empieza una historia no apta para cardíacos.

Me atendió Cata, una asistente virtual que me preguntó: ¿Sos usuario? A) Si / B) No. Respondí: A). Luego me pidió mi DNI y mi correo electrónico, para volver a darme opciones: A) Cuenta. B) Accidente / Robo / Situación sospechosa. C) Problemas con la Bici / Estación. D) Pases. E) Exceso de uso. F) No soy usuario. Elegí la opción C) y vinieron más opciones: A) Problema con la estación. B) Problema con la bici. C) No la puedo anclar. D) Bici abandonada. E) No puedo sacar una bici. F) Volver. Elegí la opción A) y siguió dándome opciones, mientras el humo salía por las ranuras de mi casco. ¿Qué problema tenés con la estación?: A) La estación está llena. B) La estación no toma la bici. Elegí la opción  B) y Cata esta vez preguntó: ¿Podés anclar la bici?: A) Si. B) No. Respondí A) y ahí finalizó todo con la siguiente respuesta: “Recordá que podés consultar las estaciones disponibles en: https://www.baecobici.com.ar o en la App”.

Conclusión: ¡No me resolvieron nada! Traté de mandar un mensaje explicando la situación pero la asistente virtual me respondía: “No te entendí. ¿Podrías repetir por favor?” y me seguía dando siempre las mismas opciones. Sin saber más que hacer, me fui caminando, pero con mucha preocupación. Una hora más tarde recibí el siguiente mensaje: “¡Hola! Nos comunicamos de BAEcobici por tembici. En nuestro sistema, verificamos que aún tenés la bicicleta en tu poder T1599. ¡Podés seguir utilizándola el tiempo que quieras! Pero, por favor, confirmanos que todo esté bien, por este medio. ¡Muchas Gracias! Saludos, el equipo de BAEcobici por Tembici”.

A esta altura de la tarde ya no sabía si me estaban cargando o si era una cámara oculta de Tinelli. Al borde de la locura, respondí: “La dejé en Moldes al 1300, quedó trabada pero la estación no registró nada. Les mando fotos de la bici anclada antes de cumplirse la media hora de viaje. Esa estación de Moldes no anda, vayan y verifiquen. Solicito me confirmen la devolución a la brevedad y me habiliten para seguir usando el sistema. Me comuniqué ni bien sucedió esto y solo me contestó un robot automático dándome opciones y no me resolvió nada”. A lo que me respondieron: “Vamos a verificar la información que nos brindaste. Tené en cuenta que mientras tanto, tu usuario está inhabilitado”. Con esa respuesta, simplemente confirmé que mi vuelta sería caminando porque me habían bloqueado el usuario.

Una hora más tarde recibí el siguiente mensaje: “Hola, tu viaje se encuentra cerrado. ¡Muchas gracias por comunicarte con BAEcobici!”. Respondí: “Gracias. ¿Cuándo se vuelve a habilitar mi usuario?” y la respuesta fue la siguiente: “¡Hola! Soy Cata, un asistente virtual” y me empezó a dar las mismas opciones de siempre. Estuve a punto de revolear el celular por los aires, pero seguí respondiéndole a Cata que después de varias opciones me escribió: “Recordá que para volver a retirar una bicicleta, deberás esperar 15 minutos. Si aún así no podés, por favor cerrá la sesión y volvé a ingresar a la cuenta”. Luego me puso: “Para poder verificar cual es el inconveniente necesitamos, por favor, que nos envíes la siguiente información: Versión de la APP, Sistema Operativo (Android o IOS), en qué parte del proceso no te deja avanzar, que mensaje de error te dá, para colmo me pedía que toda esta información la enviara en un solo mensaje. Y por si esto fuera poco, también me pidió: “Por favor, subí una foto del frente de tu DNI. Por último, subí la captura de pantalla con el error”. Desbordado por tantos pedidos, decidí rebelarme y no mandar nada de lo pedido, solamente escribí: “Vuelvan a habilitar mi usuario”. A lo que mi amiga Cata contestó: “Recibimos correctamente tu reclamo. En cuanto tengamos la información solicitada estaremos enviándolo para que verifiquen el problema y nos pondremos en contacto lo antes posible. Te pedimos disculpas por las molestias ocasionadas”.

Una hora más tarde recibí otro mensaje: “Hola, soy Silvia. Te comento que el estado de tu viaje se derivo debido a que se encuentra abierto. La Bicicleta que usaste se verificó operativa. Disculpá las molestias”. Totalmente enfurecido, contesté: “Ya avisé que la dejé en Moldes al 1300 y me escribieron que el viaje estaba cerrado”. A lo que contestaron: “Reporté tu solicitud”. Un rato después, les escribí para ver si me habían vuelto a habilitar el usuario y otra vez me respondió Cata con su infinidad de repetidas opciones.

Pasados unos minutos, recibí el siguiente mensaje: “Hola, soy Pablo, queríamos informarte que hubo un problema en tu usuario que ya fue resuelto por lo tanto tu cuenta se encuentra habilitada nuevamente sin problemas, te pedimos disculpas por las demoras. Que tengas un buen finde. Cualquier otra consulta no dudes en consultarnos. Te invitamos a que nos cuentes cómo fue tu experiencia” y me pasó un link a una encuesta de satisfacción a la que por supuesto no entré.

Desde aquel día, tengo pesadillas, sueño que estoy atrapado en un laberinto de Ecobicis y que la única forma de salir es respondiendo las múltiples opciones que me brinda Cata. Cada vez que paso por una estación de Ecobici me pongo nervioso. ¿Cómo haré para superar este trauma? Tembici, la empresa que opera el sistema de las Ecobicis: ¿me pagará las sesiones de terapia?

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