Belgrano es uno de los barrios más pintorescos y atractivos de Buenos Aires, pero hay almas luminosas que le agregan, a través de su talento e inspiración, aún más belleza y encanto: los artistas. Al caminar las calles de la comuna, uno se puede cruzar, sorpresivamente, con hermosos murales de diversos estilos y diseños. Eso sucede al transitar por la calle Blanco Encalada (mano derecha), apenas cruzando el viaducto viniendo desde Cabildo (a la altura de 11 de Septiembre). Allí dos jóvenes y prolíferas artistas pintaron un primoroso y colorido mural con simpáticos pájaros como protagonistas. Se trata de las amigas Nara Ortíz y Nuria Gordillo. ´Mi Belgrano´ dialogó con ellas.

¿Hace cuánto incursionan en el mundo artístico?

Nuria: El arte siempre me acompañó toda mi vida. Mi abuela después de jubilarse estudió actuación y escribía poesías; mi abuelo era pintor, cineasta, escritor, y mi tío pintor y dibujante. Después del horario escolar iba a lo que para mí era la felicidad: el Instituto Vocacional de Arte (IVA). Allí pintábamos, dibujábamos, actuábamos, aprendíamos literatura, hacíamos música y cortos; siempre alrededor de grandes artistas. Era feliz con lápices de colores y hojas para dibujar. Es decir, siempre dibujé: es mi modo de expresarme. Recuerdo mis apuntes del colegio como un mar de textos aburridos de las clases rodeados de dibujos. Lamentablemente, al estudiar imagen y sonido fui dibujando menos, pero ni bien pude, volví, aunque no me quejo porque es una carrera hermosa. Años después, un amigo del IVA, me hizo conocer las jams de dibujos y ahí encontré las salidas nocturnas que me llenaban. Luego, de más grande, descubrí los murales, la onda que le ponían a la ciudad. Algunos simplemente bellos, otros con contenidos más políticos, en fin, me encantaban. Recuerdo un mural de Ron, el que se encuentra en la estación Plaza Miserere de la línea A de subte, que me fascinaba. Más adelante una amiga me incentivó a hacer mis propios murales y decidí probar. Empecé a escribirles a los muralistas que me gustaban mucho y fue así como empecé con Georgina Ciotti. Allí conocí a Nara.

Nara: Siempre me gustó dibujar, desde que tengo memoria. Si bien en un principio no elegí el arte como carrera, en la docencia pude volcar gran parte de mi energía creativa, imaginando actividades y personajes para trabajar con mis alumnos y alumnas en primaria. Lo que siempre me acompañó fue mi cuaderno de dibujo. Me gusta seguir por las redes a artistas de varios estilos y tomar inspiración de lo que hacen para ir probando nuevas técnicas, todo de manera autodidacta. En varios de los lugares en los que viví, me divertía haciendo diseños de gran escala y pintándolos en las paredes antes aún de experimentar con bastidores. Un amigo, al venir a casa y ver mis experimentos en la pared, me preguntó por qué no estudiaba mural y me habló de una muralista muy grosa que él conocía. Así terminé en el taller de Georgina, donde aprendí muchísimo al ser mi primera experiencia de formación técnica, y donde conocí a Nuria, hace ya unos tres años.

¿Cómo empezaron a realizar proyectos juntas?

Nuria: Nos hicimos amigas rápidamente, pincel de por medio. Las veces que pinto siempre lo disfruto un montón, pintar con una amiga y que te paguen por eso: no me imagino nada mejor. De ella aprendo un montón del arte y a ser más práctica también. Entre clase y clase nos fuimos conociendo mejor y empezamos a compartir tiempo fuera del taller. En un momento nos propusieron hacer un proyecto en el Parque de la Ciudad, y ahí nació Romba. Lamentablemente ese proyecto quedó trunco, pero las ganas de concretar cosas no se adormecieron. De a poco empezaron a llegar pedidos para murales en casas particulares y así empezamos. Después armamos las redes sociales de Romba.

Nara: Nos llevamos bien enseguida y decidimos seguir aprendiendo la una de la otra fuera del taller. Nuri tiene mucha cancha con las técnicas, al haberse dedicado formalmente a las artes visuales, así que trabajando con ella aprendo muchísimo. Yo tengo más experiencia en el área organizativa y soy más pragmática; por esto creo que nos complementamos muy bien a la hora de pintar; además tenemos una forma muy similar de vivir el arte y disfrutamos muchísimo de cada proyecto.

¿Cómo surgió la idea del mural de Blanco Encalada?

El mural de Blanco Encalada surgió cuando la familia que vive en esa casa nos encontró justamente a través de nuestras redes sociales. La dueña de casa es apasionada de Wallace Ting y nos pidió ese diseño en particular. Nos entusiasmó mucho poder hacer nuestra versión de una pintura tan alegre.

¿Han realizado otros murales?

Sí, principalmente en espacios privados, pero también un par de veces al año en la escuela Nº16 (Andrés Ferreyra) de Villa Crespo, en donde pintamos al finalizar cada proyecto que llevamos adelante en el taller de Georgina. Próximamente nos gustaría intervenir los contenedores de basura de la Ciudad, si la Comuna nos lo permite.

¿Qué les genera saber que su arte le da más belleza a la zona?

Nos llena de alegría saber que otras personas disfrutan de algo que nos encanta hacer. Nos gusta compartir el arte. Nos gusta pensar que personas que no conocían a W. Ting de repente pasan por la esquina, leen el nombre y se les despierta la curiosidad. Hoy es muy fácil googlear un nombre y familiarizarse con la obra de ese artista. Al mismo tiempo, nos gusta ver murales y nos entusiasma pensar que también somos parte de eso en un barrio tan lindo y transitado como es Belgrano. Nos encantaría saber que más gente se suma a embellecer las calles a partir de lo que ven en las paredes de su barrio, como nos pasa a nosotras.

¿Sienten la mirada de reojo de algunas personas?

La respuesta de la gente del barrio fue siempre increíble. Tal vez los primeros días las miradas sean un poco más sospechosas, cuando ven llegar a estas dos chicas que ponen plásticos en el piso y lijan y rasquetean una pared; pero siempre las personas se acercan a conversar, los más chicos hasta se animan a agarrar el pincel y pintar con nosotras. Vecinos y vecinas se ven felices y agradecen cuando saben que ahí va a haber un mural, porque va a embellecer el barrio y los lugares por los que pasan todos los días. Obviamente, a medida que va avanzando el mural, mayor es la respuesta de la gente. También es lindo porque nos vamos acostumbrando a las escenas cotidianas del barrio: el paseo de la familia, la vecina con sus perros, el abuelo en bicicleta. Fue una hermosa experiencia compartir esa cotidianidad. La sensación que nos queda es de haber dejado ahí un pedacito nuestro y al mismo tiempo, habernos llevado un pedacito de Belgrano.

Para conocer y disfrutar más del arte de Nara y Nuria, o solicitar algún encargo, se las puede encontrar en IG/Tik Tok: @romba.art o por Email: romba.arte@gmail.com

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