Un día cómo hoy pero hace 11 años, el 6 de marzo del 2012, se realizó la sesión inaugural del CCC 13 (Consejo Consultivo Comunal 13). En la sala del primer piso de la sede de la Comuna 13 (Av. Cabildo 3067), Gustavo Acevedo (Presidente de la Junta Comunal 13) hizo uso de la palabra para declarar la apertura oficial del CCC 13. Como homenaje a Elida Belacqua y Hugo Alem, vecinos que lucharon por la instalación de las Comunas, se hizo un minuto de silencio.

María Eugenia B. T. explicó que hace cerca de diez años un grupo de vecinos se auto-convocaron como Consejo Consultivo Comunal para solucionar los problemas barriales, luego se creó el Pre Consejo en tanto se ponían en funcionamiento las Comunas y ambos grupos se terminaron uniendo. Raúl Espineda saludó con beneplácito al CCC13, esperando que se pueda ir organizando para reunirse en los distintos barrios de la Comuna. Hizo un llamado a actuar en forma cooperativa con la Junta para reclamar en la Legislatura de la CABA el presupuesto que corresponde a la Comuna dado que el asignado es insuficiente para las obligaciones que tienen el gobierno comunal. Águeda Lacanette destacó que así como los vecinos del CCC auto convocados lograron concretar proyectos, el CCC13 podrá hacerlo con la participación de los vecinos.

Para finalizar Graciela A. habló a los presentes pidiendo que traigan sus aportes, sus quejas, que esta es la oportunidad para que todos participen. Sostuvo en que no hay quedarse en la queja desde afuera sino trabajar desde adentro.Siendo las 21.15 horas, se citó a Asamblea Plenaria para el día miércoles 7 de marzo de 2012 a las 18.30 horas en el 2° piso de la sede Comunal y no habiendo más asuntos que tratar se cerró la sesión.

David Burin recuerda aquel día: Según mi opinión, ese día lo que ocurrió fue bastante bochornoso. La Junta Comunal dispuso el lugar del mismo modo en que estaban ubicadas las largas filas de bancos durante el día, para que la gente espere frente a las pantallas a ser llamada por su número para hacer trámites. Así, cada asistente solamente podía ver las nucas de los que tenía adelante, en lugar de generar un espacio acogedor, en círculo, para que los vecinos se conozcan. Se presentaron ese día unos 400 vecinos, y los juntistas dispusieron que había que inscribirse previamente con el domicilio y el documento en un mostrador, ante la queja de quienes veníamos participando en el Consejo autoconvocado que venía funcionando desde 2005. Se formaron largas colas, y se demoró el inicio más de una hora y media. Todo parecía estar preparado para desalentar la participación del vecino. Pero además la Junta pretendía proponer a votación que se eligiese una suerte de comisión de enlace entre el Consejo Comunal y la Junta, tres o cuatro vecinos que asumieran la representación del Consejo, cosa que no está prevista por la Ley de Comunas. Obviamente además querían imponer los nombres de esos representantes. En el salón había varios integrantes de la barra brava de un club local, que no tenían idea adónde los habían llevado. Por algunos diálogos, entendimos que tenían la consigna de levantar la mano cuando propusiesen la votación para decidir que se conforme esa comisión. Al ver esto varios integrantes del Consejo empezamos a hablar con estos supuestos “vecinos participativos” para comentarles lo que realmente iba a ocurrir y el sentido de participar. Gracias a la intervención de Carlos Wilkinson, Agueda Lacanette, Raúl Espineda y otros integrantes del Consejo autoconvocado esa votación nunca se llegó a producir, porque pidieron que la Junta se retire, pero la sensación de caos, la demora en el inicio, las colas para inscribirse, la falta de un micrófono y un sistema de parlantes, la tensión entre la Junta y los integrantes del Consejo autoconvocado, la disposición de los asientos, todo competía con el objetivo de lograr que los vecinos que se acercaban por primera vez se sintiesen cómodos y escuchados y pudiesen participar realmente de un ágora donde se tratasen sus problemas, como era el espíritu de la Ley de Comunas.

Así, en la segunda reunión del Consejo, la participación había caído a unas 40 personas y se fue desgranando progresivamente al entender que el presupuesto nunca se iba a descentralizar y que la Junta, al no poder controlar al Consejo, nunca iba a respetar el mandato que la Ley de Comunas da a éste órgano. Ese mandato es, ni más ni menos, que diseñar JUNTO al Consejo el plan de acción anual, fijar las prioridades, elaborar el presupuesto (como lo hace el Congreso Nacional) y luego controlar su ejecución. Hasta el día de hoy la Ley de Comunas no se cumple. El Ministerio de Descentralización centraliza las decisiones y la distribución presupuestaria. El gobierno central no consulta ni a la Junta y menos aún al Consejo Comunal sobre, por ejemplo, la decisión de privatizar espacios públicos o de construir espacios verdes, una competencia concurrente, enterándonos por los diarios o, como cuando el Jefe de Gobierno anunció la construcción de dos plazas en el Playón de la estación Colegiales. Tampoco lo sabía la presidenta de la Junta Comunal, según lo compartió con algunos vecinos. En lugar de interactuar con el Consejo, el jefe de Gobierno y su candidato, organizan encuentros con los vecinos vaciando el sentido de los Consejos y gastan fortunas en campañas publicitarias pero no ponen un peso para difundir la existencia del Consejo como lo define la Ley de Comunas. Se avasallan las instituciones, arrogándose poderes que no les competen. El art. 4 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires establece la inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos a quienes ejerciendo el gobierno avancen sobre atribuciones que no les corresponden. La verdadera transformación que no debería parar, es la de las instituciones, hacia el modelo que propone la Constitución.

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